Estados Unidos: garantizada la muerte por armas de fuego

Martes, Noviembre 7, 2017

Las armas del imperio matan anualmente a unos 30 mil estadounidenses; uno cada 16 minutos, sin contar las miles de víctimas mortales que provocan en la infinidad de conflictos bélicos en que se enrola Washington, con esa sed insaciable de arrebatar recursos ajenos, propia de la genética norteamericana.

Todavía están frescas las huellas de la más reciente matanza por tiroteo en una iglesia bautista de Texas, protagonizado por un individuo con libre acceso a comprar y portar armas, un derecho que les asiste a los millones de estadounidenses, amparados en la Segunda Enmienda de la Constitución de su país.

En el sangriento suceso, al menos 27 personas murieron al instante y dos docenas resultaron heridas.

El tiroteo tiene lugar apenas a un mes de que un hombre armado disparara desde una habitación de un hotel de Las Vegas, Nevada, lo que provocó la muerte de 58 personas y heridas a varios centenares, que asistían a un concierto al aire libre, lo que se considera la peor catástrofe de ese tipo en la historia de la Unión.

Ambos incidentes ocurrieron, además, dos años después de que un supremacista blanco, Dylann Roof, entrara a una iglesia negra de Charleston, Carolina del Sur, y ultimara a balazos a nueve civiles.

En más de 200 años de historia de EE.UU., sus ciudadanos han estado en múltiples guerras, en las cuales el número de bajas propias ha rondado el millón y medio de personas. Sobresalen por las altas cifras la Guerra Civil Americana, con 750 mil muertes, la Primera Guerra Mundial (116 mil 516), la Segunda Guerra Mundial (405 mil) y la Guerra contra Vietnam, con 58 mil 200.

En apenas 50 años, las muertes por armas de fuego en EE.UU. han matado a más ciudadanos en ese país que las sufridas por estos en todas las guerras en las que han participado el imperialismo norteamericano a lo largo de su historia, subrayó PolitiFact.com, proyecto operado por el Tampa Bay Times, en el que los periodistas y editores del Times y los medios de comunicación afiliados verifican las declaraciones de los miembros del Congreso, la Casa Blanca, cabilderos y grupos de interés.

Sépase que la nación que se autoproclama “modelo” de democracia, donde vive solo el cinco por ciento de la población mundial, tiene casi la mitad de todas las armas existentes en el orbe. No solo es el mayor portador de esos artefactos per cápita en el planeta, sino también el máximo exportador.

La desenfrenada ambición por las ganancias es la razón fundamental de tan macabra carrera hacia la locura.

Y en eso el magnate presidente Donald Trump ha sido más que claro. “No los defraudaré”, les dijo en plena campaña electoral a los miembros de la Asociación Nacional del Rifle, pieza clave en el lobby de las armas en el Congreso de los Estados Unidos, el segundo en fortaleza en el legislativo norteamericano, después del israelí.

Se conoce públicamente que unos 230 congresistas reciben dinero de ese mecanismo de altísima presión, de modo que los poderosos tienen garantizado que, de antemano, no se legislará nada que signifique control serio, a fondo, de la venta de armas en aquella sociedad.

En otras palabras, la justicia está comprada, y eso se hace ver como lo más normal de este mundo por las élites y su bien aceitada maquinaria propagandística nacional e internacional.

Y por si quedaran dudas aún de tan nefasta confabulación, solo basta saber lo que expresó Trump, pocas horas después de ocurrida la peor masacre en la historia de EE.UU: “Este no es el momento, hablaremos del tema del control de armas a medida que pase el tiempo”.

Ese es el modelo de sociedad que intentó “vender” a Cuba y al mundo en la más reciente sesión de la Asamblea General de la ONU la embajadora norteamericana ante ese órgano, Nikki Haley, como si no fuera humano el derecho a la vida, ese que tanto pisotean los Estados Unidos dentro y fuera de su país.

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