Ecuatorianos ponen freno a la arremetida neoliberal

Lunes, Abril 3, 2017

lenin-moreno-presidente-de-ecuadorCon el triunfo de Lenín Monero, del Movimiento Alianza País, en las elecciones generales del domingo último en Ecuador, el pueblo de Eloy Alfaro acaba de escribir una de las páginas más gloriosas de la historia de ese país y de Latinoamérica.

El mérito alcanza ribetes heroicos, pues los candidatos de la derecha perdedores en la primera vuelta decidieron entregar los votos de sus seguidores al banquero Guillermo Lasso -contendiente de Moreno en la segunda-, en busca de derrotar al representante de la Revolución Ciudadana, liderada por el actual Presidente Rafael Correa.

No menos significativo resulta que los simpatizantes del ahora mandatario electo enfrentaron una gigantesca y bien aceitada maquinaria propagandística de la derecha nacional e internacional, que apeló a las falsedades, y no a la verdad; a superficiales emociones, y no al razonamiento profundo.

El fuego mediático se empeñó en ocultar que Lasso tiene en paraísos fiscales en el extranjero 49 empresas con nombres de fantasía que ocultan su identidad y la de familiares, mientras enarbolaba como lema de campaña que los multimillonarios invirtieran en Ecuador.

Cierto es que en ocasiones los pueblos son vencidos transitoriamente por las severas arremetidas de sus espoliadores, pero, más temprano que tarde, sacan a relucir su sabiduría natural y, sobre todo, su memoria histórica en un país que ha reducido la pobreza del 52.2 por ciento al 22.49 por ciento en la última década de gobernanza.

En Ecuador, una masa progresista plantó cara al torrente neoliberal que había ganado terreno en Latinoamérica y otras regiones, y amenazaba con “repatriarse” allí, donde millones de ciudadanos sufrieron los despojos de tan privatizadora propuesta económica, impulsada desde Washington.

En lo interno, el Movimiento Alianza País desplegó una gran labor ideológica en las bases, para concientizarlas de la importancia de no olvidar la larga noche neoliberal vivida durante los Gobiernos que precedieron a la Revolución Ciudadana, a uno de los cuales perteneció el propio Lasso, como ministro de Economía.

La victoria de Alianza País es un freno a la arremetida derechista, es continuidad de los movimientos progresistas en la Patria Grande.

Su valor se maximiza en tiempos de embestidas oligárquicas que han perjudicado a millones de ciudadanos, como ocurrió frente a procesos soberanos en Honduras, Paraguay, Brasil y Argentina, entre otros países, como parte de una guerra de múltiples frentes que pretende hoy torcer el rumbo en Venezuela.

Otro punto a favor de la estabilidad del futuro Gobierno de Lenín Moreno es que, previamente, el Movimiento Alianza País alcanzó mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, lo que permitirá proseguir legislando a favor de las grandes mayorías, las preteridas de antaño.

En el plano regional, este triunfo de la izquierda favorece los mecanismos de integración, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (que la derecha amenazó con abandonar, si ganaba), la Unión de Naciones Sudamericanas y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

No obstante, la tarea en lo adelante no estará libre de obstáculos ni de peligros.

La nueva administración tendrá que gobernar para quienes le dieron el sí en las urnas y para los que lo adversaron, atraer de nuevo a grupos indígenas, ecologistas y juveniles que se apartaron en determinado momento y, sobre todo, tomar medidas raigales que garanticen que no pendan de un hilo electoral los avances sociales y económicos beneficiarios de las grandes masas.

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