Fidel: con la potencia, la luz y la velocidad del rayo

Miércoles, Marzo 29, 2017

Alas de Colibrí se complace muchísimo en compartir con sus lectores el discurso que pronunció Eugenio Martínez Enríquez, embajador de Cuba en España, el 25 de marzo último, en el acto de homenaje a Fidel Castro, que tuvo por sede el teatro Marcelino Camacho, de Madrid.

Se trata de un texto que aborda con profundidad, belleza y naturalidad la personalidad de quien fue más que un líder revolucionario de Cuba para convertirse en ícono universal de los pueblos, en su lucha por el progreso, la paz y la igualdad.

Las fotos que acompañan el discurso, publicado en el diario Granma, fueron añadidas por los autores de este blog.

La victoria existe mientras se luche

fidel-castro-terminal-washington-1959Fidel sabía que la Revolución era un maratón, pero lo corría como un sprint. ¿Sería porque conocía ya los obstáculos que enfrentaría su osadía necesaria? En el 2011 Fidel escribió «la Revolución Cubana no disfrutó un minuto de paz».

La continuada existencia de la Revolución Cubana y la de su líder, fue tomada por muchos como un gigante atrevimiento.

Para otros como una afrenta personal. Sí, fue un gigante atrevimiento, porque para Cuba no había otro tan necesario e imprescindible, un acto de rebeldía que imaginaban muy pocos tuviera el éxito que tuvo. El primero en atreverse fue Fidel, su gestor y líder; su soñador y artesano; su defensor y garante.

El líder cubano hizo trizas conceptos de las relaciones internacionales y de la política, como el fatalismo geográfico, el orden mundial existente; el papel de las potencias; los mitos raciales de supremacía blanca y los de género; nunca antes un país del llamado Tercer Mundo contribuyó con cientos de miles de sus valientes internacionalistas a defender la independencia, libertad y desarrollo, sin cobrar por ello, y los cubanos lo hicimos en países de ese mismo mundo a miles de kilómetros de distancia.

«La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede», resumió el General de Ejército Raúl Castro en la despedida a nuestro líder el pasado diciembre en Santiago de Cuba.

Bastaría esa actitud para continuar defendiendo su legado.

El 26 de julio de 1953, Fidel Alejandro Castro Ruz tenía 27 años cuando dirigió a 135 jóvenes valientes para asaltar la segunda fortaleza militar de la dictadura de Batista ocupada por mil hombres armados. Ciento treinta y cinco contra mil.

Vean qué reto. No se tomó el cuartel, pero encendió la chispa revolucionaria que no se apagaría hasta la victoria.

Tres años después, 82 jóvenes cubanos comandados por Fidel desembarcaron en el Oriente de Cuba en un yate de recreo.

Llegaron a un pantano donde perdieron la mayoría de sus armas; atravesaron una zona de piedras afiladas donde sus calzados se desbarataban. Tres días después son sorprendidos por el ejército de Batista, solo 21 llegan a la Sierra Maestra que era su objetivo.

Cualquiera podría pensar que aquí terminó la historia, pero solo comenzaba. Dos semanas después, el líder de la Revolución se encuentra con su hermano Raúl, expedicionario también y el Presidente cubano nos cuenta que Fidel le dio un abrazo y le pregunta: «¿cuántos fusiles tienes?» «Cinco». Fidel replica: «más dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!».

¡Quién lo podía creer! Y así fue 24 meses después.

fidel aclamado por los pueblosAhora me permito que las propias palabras del líder de la Revolución Cubana mejoren las mías para recordarlo:
De su perseverancia: Preguntan a Fidel: ¿Cuál es el trabajo que menos le gusta? Respuesta: el trabajo de dormir, por el tiempo que tengo que invertir en eso. De su actitud respetuosa: Preguntan a Fidel: ¿Cree que el pueblo norteamericano pudiera aprender más conversando con usted? Respuesta: Aprender no, pero pudiera comprender mejor. De su modestia: Cierta vez, durante uno de sus viajes al exterior le preguntaron ¿Su visita ha sido histórica? Respuesta: No me corresponde juzgarla. De su fe en la victoria y en el mejoramiento humano: Preguntan a Fidel: ¿Por qué defiende el comunismo, si el comunismo murió? Respuesta de Fidel: También murió Cristo y revivió. El socialismo sigue vivo y seguirá vivo porque la edad del egoísmo tiene que pasar. De su lealtad: Preguntan a Fidel: ¿Usted puede decir que la Historia lo absolvió? Respuesta: Estoy absuelto porque he seguido mis principios y mis ideas. Su sentido del deber: Preguntan a Fidel: ¿Usted está cansado de gobernar? Respuesta: ¿Quién ha dicho que esto es un deporte o un placer?

Así era Fidel. La evaluación del líder cubano puede resumirse en su eterna fe en la victoria, en que los hombres pueden conducir su destino, en que no hay límites para conseguir lo que se proponen; que la victoria existe mientras se luche; que una derrota no lo es, hasta que no sea aceptada.

Fidel encarnó hasta el último de sus días la voluntad de millones, que durante décadas lucharon por su independencia verdadera, con la vía alternativa hacia la edificación de una sociedad más justa.

Esa alternativa no encontró manso el camino y debe evaluarse en las condiciones en que se desarrolló. Esa vía de desarrollo, debe estudiarse sin ignorar que debió enfrentar el terrorismo feroz, el sabotaje económico, los bloqueos y sanciones, que aún persisten.

Un camino donde nos inventamos con el liderazgo de Fidel instituciones populares de Gobierno, no los eufemismos que se disfrazan de democracia. No nos quedamos en la Revolución en un ejercicio único de distribución justa de ingresos, se complementó con el acceso igualitario a la superación; a la seguridad y protección ciudadanas y a la liberación plena de la mujer.

Esa alternativa de Fidel funciona porque no hay un niño desnutrido, ni desapariciones forzosas o públicas; donde no hay mafias organizadas, ni tráfico de drogas, ni desahucios, ni hay que pagar por que te donen un corazón, o para obtener un título universitario, para aprender a tocar guitarra, para acceder a la cultura o ser campeón olímpico; donde todos los niños están inmunizados contra más de diez enfermedades.

No se resistió Fidel a la idea de que los conocimientos son patrimonio de naciones ricas y ahí están ya reconocidos, el aporte de científicos cubanos que él guio hasta patentar cientos de vacunas y medicamentos.

Y muy lejos estaba el líder de la Revolución de conformarse. Cito sus propias palabras: «Los revolucionarios cubanos hemos cometido errores, y los seguiremos cometiendo, pero jamás cometeremos el error de ser traidores. Quizá el principal error de idealismo cometido, fue pensar que en el mundo había una determinada cantidad de justicia y respeto al derecho de los pueblos cuando, ciertamente, no existía en absoluto».

Los mismos que defendieron las sangrientas dictaduras militares, se ofenden porque en la Cuba de Fidel se sostenga por 60 años una alternativa sin su beneplácito, como la gestamos y queremos los cubanos, donde se recuperó para siempre la igualdad de hombres y mujeres, sin importar color de la piel u origen social.

Se puede discrepar con las ideas de Fidel. Claro, es totalmente legítimo. Nada más humano, pero no calumniar.

Ante su fallecimiento, los mismos que defendieron el apartheid, la discriminación, los paquetes de ajuste y empobrecimiento; los que nos aconsejaron hacerlo en Cuba sin pudor, como única salvación ante la caída de la Unión Soviética, los que practicaron y todavía practican la tortura como método, la encarcelación sin juicios y de hombres encadenados, atrapados en capitales europeas a plena luz del día sin escrúpulos y sin derechos, los mismos que agredieron a países soberanos con pretextos falsos, que asesinan a líderes políticos desde drones ocultos o con píldoras, equipos de buceo, bombas, como los más de seiscientos intentos de atentados que sufrió Fidel, fueron los que no perdieron un minuto tras su fallecimiento para intentar opacar su figura; para contener la admiración desbordada de los pueblos y el respeto de sus enemigos; y le adjudicaron asesinatos que nunca cometió, hambrunas en Cuba que no existen, torturas que no conocemos ni cómo hacerlas.

No se imaginen que nos van a derrotar desde una portada de un diario, ni de un plató de televisión, con mentiras y calumnias. El juicio de la historia sobre Fidel no les corresponde a los políticos mediocres ni a los medios de comunicación vendidos al capital, les toca a los pueblos y ya lo han hecho.

fidel aclamado por los pueblosLa imagen de la aglomeración apoteósica de miles de personas en cada visita al exterior del líder cubano, los millones que leían sus discursos, entrevistas y reflexiones, junto al interés de quienes visitaban Cuba por encontrarlo, la admiración permanente de los pueblos, el hábito cariñoso de cada uno de los que lo conocieron por conservar como trofeos esos minutos o largas horas que compartieron con él, los millones en Cuba y en el mundo que lo despidieron dentro del dolor y el compromiso, como hoy ustedes lo hacen; contrasta con otra enorme colección de medios de comunicación y políticos que no pasarán a la historia, quienes en extraña paradoja se morían por entrevistarlo, al mismo tiempo que no cesaban cotidianamente de empañar su figura, acompañando así a la reducida cantidad de quienes lo adversaban.

Esta es la demostración irrefutable de que el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana colocó sus fuerzas del lado de las necesidades de los pueblos, no de las oligarquías.

Si los admiradores de Fidel se unieran en una solo patria, nuestro país sería uno de los más poblados.

Esa es la era que gestó en Cuba junto a su noble pueblo; pueblo que guio para que en admirable prueba de altruismo, conciencia ciudadana y espíritu revolucionario, entregara la vida de dos mil de sus hijos para defender la libertad de muchos pueblos del llamado tercer mundo; o para vencer la ignorancia y la ceguera con programas cubanos de alfabetización o de salud; para salvar millones de vidas de seres humanos excluidos por los modelos de organización social típicos del capitalismo.

Sé que lo han oído una y otra vez, también sé que nos creen; mas les reitero que los cubanos y cubanas no abandonaremos el camino rebelde y necesario iniciado por Fidel, su prédica de cambiar lo que deba ser cambiado para el disfrute de las mayorías, no de elites o transnacionales; no dejaremos que nos gobiernen o nos digan qué hacer otros y serán las instituciones populares que lideró Fidel, el partido que fundó y de vanguardia, el pueblo cubano, el que nos conduzca a lo que deba ser cambiado; para que nunca, nunca, dejen de mandarse a sí mismos los cubanos y que brille la estrella de las cinco puntas, libre e independiente de verdad, sin unirse a ninguna constelación que la someta.
No puedo concluir sin sus palabras. Preguntan a Fidel: ¿Comandante cuál es su peor enemigo? Respuesta: No tenemos enemigos peores, porque a todos, a todos los podemos derrotar.

Así lo vamos a recordar, como un grande al que no pudieron derrotar.

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