Injerencia, incompatible con la normalización de nexos EE.UU.-Cuba

Sábado, Noviembre 19, 2016

bandeas-cuba-estados-unidos-300x202El proceso hacia la normalización de las relaciones Estados Unidos-Cuba, iniciado por los Presidentes Barack Obama y Raúl Castro, pudiera avanzar por cauces menos sinuosos, si la nación del Norte echara a un lado el injerencismo que ha caracterizado durante siglos su política exterior.

Analistas han restado valor a las declaraciones que, respecto a los nexos con la Isla, ha realizado en los últimos años el ahora Presidente electo Donald Trump.

La razón es clara: ha sido muy variable en este y otros asuntos de política exterior, inconsistencia que se hizo más notoria durante los recién concluidos comicios generales, en los cuales el magnate multimillonario ganó la mayoría de los votos electorales (no así la de los populares), contra casi todos los pronósticos dentro y fuera de su país.

Luego del camino transitado en los vínculos Washington-La Habana desde aquel histórico 17 de diciembre de 2014, solo queda esperar qué hará en torno al asunto Trump, después que ocupe su silla en la Oficina Oval, pues Cuba mantiene su postura favorable al diálogo franco, en calidad de iguales.

Eso sí, a quienes gobiernen en la Casa Blanca -ahora mismo o a partir del 20 de enero de 2017 y durante las administraciones subsiguientes-, deberá quedarles claro que no puede avanzarse realmente hacia la normalización plena de las relaciones bilaterales, mientras se mantenga la injerencia norteña en los asuntos internos de la patria de José Martí.

Entre otras muchas formas, esa política se manifiesta fehacientemente en el genocida bloqueo a la Isla -sustentado en leyes extraterritoriales-, las ilegítimas transmisiones radiales y televisivas desde EE.UU. hacia territorio cubano; la concepción y financiamiento oficiales de programas dirigidos a subvertir el ordenamiento socioeconómico y político del país antillano, y en la ocupación, también ilegal, del territorio que abarca la base navalnorteamericana en Guantánamo.

Asimismo, se evidencia en la Ley de Ajuste Cubano; el programa Parole -que estimula al personal cubano de la salud a desertar de sus misiones internacionalistas- y la política de “Pies secos, pies mojados”, instrumentos que politizan el tema migratorio e impiden la existencia de una migración legal y ordenada.

Cuba está interesada en la mejora de los lazos entre ambos lados del estrecho de Florida, pero no mendiga; exige respeto al camino escogido libremente por su pueblo, que ha peleado muy duro por la independencia del país, al costo de la vida de sus mejores hijos y el sacrificio de sus ciudadanos.

Digámoslo con palabras del más universal de los cubanos, quien en un artículo del periódico Patria, al abordar el tema, remarcó: “El mejor modo de hacerse servir, es hacerse respetar. Cuba no anda de pedigüeña por el mundo: anda de hermana, y obra con autoridad de tal”.

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