Estadounidenses, más de medio siglo sin viajar libremente a Cuba

Viernes, Septiembre 30, 2016

Estadounidenses, más de medio siglo sin viajar libremente a CubaSe cumplen ahora 56 años de la primera exhortación oficial del Gobierno de los Estados Unidos (EE.UU.) para que sus ciudadanos evitaran viajar a Cuba.

Ocurrió el 30 de septiembre de 1960, cuando el Presidente Dwight D. Eisenhower los llamó a abstenerse de visitar la Isla, génesis de la violación de uno de los derechos individuales consagrados en la Novena Enmienda de la Constitución norteamericana.

La primera razón para ello hay que buscarla en el afán de aquella y las sucesivas administraciones del norteño país de ahogar económicamente a la pequeña nación caribeña, que había cometido el “sacrilegio” de llevar a cabo una revolución social -liderada por el joven abogado Fidel Castro– y que desde un principio tomó importantes medidas democrático-populares, como la Ley de Reforma Agraria, para beneficio de quienes trabajaban la tierra y en perjuicio de los grandes latifundios, no pocos de estos de propietarios estadounidenses.

Los esfuerzos del Gobierno cubano para romper las ataduras de dependencia neocolonial respecto a Estados Unidos, chocaron con los amplios intereses norteamericanos, principales beneficiarios de aquella subordinación.

Un carácter nacionalista y popular tuvieron las acciones encaminadas a defender la soberanía nacional, estimular el consumo de productos cubanos, diversificar las relaciones económicas externas y transformar la estructura agraria, incluida la eliminación del latifundio y la posesión improductiva de la tierra.

Washington, en respuesta, desató rápidamente su arsenal de ataque: presión económica y diplomática, subversión, propaganda y terrorismo.

En el análisis de los años iniciales, después del Primero de Enero de 1959, resulta de obligada referencia un memorando -plataforma programática del bloqueo a Cuba- suscrito el seis de abril del año siguiente por Lester D. Mallory, importante funcionario del Departamento de Estado.

Tras reconocer que “la mayoría de los cubanos apoyan a Castro” y que “no existe una oposición política efectiva”, el texto expresaba que “el único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del descontento y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. […] Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. […] Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

En reunión en el Departamento de Estado el 24 de junio de 1959, cinco semanas después de promulgada la primera Ley de Reforma Agraria, se remarcó que “correspondía al Gobierno de EE.UU. asumir de inmediato una posición muy firme” contra aquella ley y su implementación, y que “la mejor manera de alcanzar el necesario resultado era la presión económica”, lo cual se materializó con la pronta supresión de la cuota azucarera cubana en aquel mercado.

Adicionalmente, el tres de enero de 1961 la Casa Blanca anunció el rompimiento de sus nexos diplomáticos y consulares con Cuba, y 13 días después anunció que, debido a esa ruptura, los estadounidenses que desearan visitar la Isla debían obtener pasaportes endosados por el Departamento de Estado. Se comunicó que todos los pasaportes pendientes, excepto los de aquellos estadounidenses que quedaban en Cuba, estaban invalidados para viajar, a menos que específicamente fuesen endosados para tal fin.

Desde entonces y durante casi 60 años, la inmensa mayoría de los norteamericanos que han querido llegar a la mayor de las Antillas, necesitaron una licencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro, como parte de una extensa lista de restricciones, cuya violación ha implicado desde multas elevadas (de un millón de dólares para corporaciones y 250 mil para particulares) hasta 10 años de cárcel.

A propósito de la expresada voluntad de ambos Gobiernos de avanzar hacia la normalización de relaciones, tras su restablecimiento el 20 de julio de 2015, el propio Presidente norteamericano, Barack Obama, ha reconocido en varias oportunidades que el bloqueo ha sido una política fracasada.

Sin embargo, en un tímido intento por “suavizarlo” con medidas ejecutivas -mientras el Congreso no lo derogue definitivamente-, la Administración Obama anunció en marzo del pasado año una flexibilización, con lo que eliminó obstáculos en la relación bilateral, días antes de que Obama visitara La Habana.

A partir de ese momento, los estadounidenses pueden efectuar viajes personales e individuales a la mayor de las Antillas, en lugar de hacerlo obligatoriamente en grupo y con programas e itinerarios prestablecidos, como muchas veces debían realizarlos, para cumplir con la legislación de su país.

De acuerdo con la nueva normativa, les es permitido ir legalmente a la que ha sido -durante tanto tiempo para ellos- la “Isla prohibida”.

Sin embargo, sigue siendo transgredido ese derecho constitucional, ya que la disposición indica -con peculiar verborrea eufemística- que puede hacerlo “siempre y cuando el viajero se involucre en un programa de tiempo completo de actividades de intercambio educativo destinadas a mejorar el contacto con el pueblo cubano, apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades del país”.

Sin embargo, esta sigue siendo la única nación que los ciudadanos de aquel país no pueden visitar con fines turísticos, una medida que trata de impedir el pujante desarrollo de la llamada “industria del ocio” en la Ínsula caribeña.

En torno al tema, resulta ilustrativo el Informe de Cuba sobre la resolución 70/5 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, titulada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

Se calcula que al menos el 15 por ciento de los estadounidenses que van como turistas al Caribe, hubieran llegado a Cuba, de no existir las prohibiciones de viajes de turismo en el país norteño. El pasado año, pudieron haber visitado la Isla alrededor de 2,1 millones de turistas estadounidenses, lo que, de mantener el gasto promedio por estancia en el Caribe -estimado en 900 dólares-, habría generado ingresos por mil 890 millones de dólares a la industria turística cubana.

Es obvio que Washington sigue apostando por debilitar económicamente a Cuba, en su empeño de “cambio de régimen”, por lo que evita el flujo no controlado de sus ciudadanos, adicionalmente persuadido de que, en el libre intercambio pueblo a pueblo, muchos norteamericanos verían una realidad muy distinta a la que les han inculcado casi seis décadas de propaganda anticubana.

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Category: Política

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