Sierra Aránzazu, otro crimen de la CIA en el Caribe

Martes, Septiembre 13, 2016

Terrorismo-anticubano-estados-unidos. Foto: www.radiorebelde.cu Hace apenas una semana el senador demócrata Robert Menéndez y el republicano Marco Rubio lanzaron un proyecto de ley enfilado a frenar los vuelos comerciales directos entre Cuba y los Estados Unidos, reanudados recientemente como parte del proceso hacia la normalización plena de sus relaciones, después de más de medio siglo de haber sido rotas por Washington.

Ellos justificaron la propuesta al exponer su “temor” de que pudiera utilizarse el restablecido puente aéreo como vía para que elementos terroristas entraran al territorio continental norteamericano.

Se trata de una argumentación preñada de mayúsculo cinismo, pues ha sido el terrorismo una de las principales armas utilizadas por los grupos violentos anticubanos radicados en el norteño país, financiados y entrenados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con el fin único de cambiar el sistema político de la Isla y retrotraerla al capitalismo que su pueblo padeció durante los primeros 58 años del siglo pasado.

Cuba ha sufrido, como ninguna otra nación caribeña, ese flagelo, causante de la muerte a tres mil 478 de sus hijos y lesiones incapacitantes a otros dos mil 99, una responsabilidad que recae sobre sucesivas administraciones norteamericanas, que promovieron o permitieron a conveniencia que los terroristas actuaran contra la Isla.

En la ciega obsesión de destruir la Revolución Cubana, la deleznable práctica ha privado también de la vida a ciudadanos de los propios Estados Unidos, Italia, Francia, Guyana y otros países.

El crimen del “Sierra Aránzazu”, impune a 52 años de ocurrido

Imagen tomada el 16 de septiembre de 1964.

Imagen tomada el 16 de septiembre de 1964. Foto: www.granma.cu

Este 13 de septiembre se cumplen 52 años de que terroristas anticubanos -equipados, pagados y dirigidos por la CIA- ametrallaran el buque mercante Sierra Aránzazu, en pleno mar Caribe, cuando se dirigía hacia La Habana, procedente de Santander, España.

La agresión se produjo poco después de las 20:00 (hora local), a 75 millas al norte de Maisí, en Guantánamo, y costó la vida al capitán y a dos tripulantes, además de causar varios heridos y provocar severos daños al buque, víctima de casi 800 impactos de proyectiles de grueso calibre y de un voraz incendio.

Para los autores intelectuales y materiales de aquella atrocidad, la “falta” cometida por la tripulación del navío era trasladar mercancías para el pueblo cubano.

En las bodegas de la embarcación había 103 bultos de jaulas para gallinas, nueve jaulas y cinco atados de arados de seis discos, 64 sacos de hojas de laurel, 118 fardos de tejido de lana, mil 050 de mantas/arpilleras, varias cajas de conexiones y mangueras para tuberías, 50 mil 600 de ajo, tres de comestibles y tres mil 100 de muñecas, entre otros renglones.

Al habla con un reportero que dio cobertura al suceso

A propósito del ametrallamiento del “Sierra Aránzazu”, Wilfredo Rivero Roldán fue enviado por el periódico Hoy a cubrir el suceso desde la localidad de Antilla, en Holguín, adonde había sido llevado el buque, aún en llamas, por remolcadores cubanos.

“Aquello fue un ataque pirata, un acontecimiento muy triste, realmente inolvidable. El mercante traía incluso juguetes para los niños, fundamentalmente muñecas, porque en pocos meses se celebraría el Día de Reyes, y el Gobierno quería incluir esos artículos entre los juguetes para los más pequeños”, rememora este septuagenario desde su hogar, en la ciudad holguinera, donde lo localicé telefónicamente desde La Habana.

“Fuimos un grupo de reporteros de los periódicos Hoy y Revolución, además de la televisión y otros medios. Yo iba con un fotógrafo. Llegamos en un avión por la noche a Holguín y salimos de madrugada para Antilla. Cuando arribamos al lugar, todavía estaban los bomberos tirando agua para tratar de sofocar el incendio y evitar que se produjera una explosión en el barco. Las pocas muñecas que pudieron salvarse del fuego fueron donadas a círculos infantiles”, recuerda el también abogado Rivero Roldán, quien poco tiempo después se incluyó entre los fundadores del diario Granma.

Familiares de las víctimas acusan

Julio y Tomás, hermanos del tercer maquinista asesinado. Foto: www.elpais.com

Julio y Tomás, hermanos del tercer maquinista asesinado. Foto: www.elpais.com

De la veintena de marinos españoles que venían en el “Sierra Aránzazu”, fallecieron debido al ataque mercenario el capitán del buque, Pedro Ibargurengoitia García; el segundo oficial, Francisco Javier Cabello Fernández, y el tercer maquinista, José Vaquero Iglesias. Otros seis sufrieron heridas, entre ellos el primer maquinista, Ramón Ugarte Zubizarreta; el segundo oficial, Francisco Javier Cabello Fernández; el engrasador Ramón Riveiro Caamaño, y el marmitón (ayudante) José Luis Berrenechea Madarieta.

Entre quienes han estudiado a fondo lo relacionado con aquella vileza, están Tomás Vaquero Iglesias, piloto de la marina mercante española, y Julio Antonio Vaquero Iglesias, catedrático e historiador, hermanos del tercer maquinista, quien no pudo sobrevivir cuando una bala explosiva impactó en el estómago y le destrozó todo el pecho.

El número de muertos no fue mayor porque los marineros actuaron rápidamente en el abordaje del bote de salvamento, desde el cual fueron recogidos -después de casi 14 largas horas de terror- por el carguero holandés P.G. Thulin, el que más próximo estaba del lugar, en viaje de Chile a Baltimore (EE.UU.), con escala en Curazao, y que transportaba mineral de hierro.

En el bote de salvamento, antes de ser rescatados. Foto: www.grijalvo.com

En el bote de salvamento, antes de ser rescatados. Foto: www.grijalvo.com

A partir de testimonios de la época, documentos desclasificados por Estados Unidos y España, y la propia confesión de dirigentes y voceros de organizaciones contrarrevolucionarias cubanas, ambos investigadores han publicado diversos escritos condenatorios del crimen, al tiempo que exigen justicia, tras más de medio siglo del silencio cómplice de Washington.

“El ejecutor (…) fue el grupo anticastrista MRR (Movimiento de Recuperación Revolucionaria) dirigido por Artime. Constatar que el autor del atentado fue el MRR es lo mismo que decir que fue obra de la CIA, dado el total control financiero y operativo que la Agencia tenía sobre este grupo anticastrista. Pero es que, además, hay indicios documentales de la participación en el mismo de miembros de la Agencia”, subrayan Tomás y Julio Antonio en un artículo que titularon La CIA y el atentado al mercante español “Sierra Aránzazu”.

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