Los hechos siempre superan al más alto de los gritos

Martes, Marzo 29, 2016

Los hechos siempre superan al más alto de los gritos¿Qué dice más sobre las verdaderas intenciones del Gobierno de los Estados Unidos respecto a Cuba: las almibaradas palabras del Presidente norteamericano, Barack Obama, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso el pasado 22 de marzo o las acciones de Washington en sentido totalmente contrario?

En el afamado coliseo, el inquilino de la Casa Blanca expresó: “He dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la capacidad, ni la intención de imponer un cambio en Cuba. Cualquier cambio que venga dependerá del pueblo cubano. No les vamos a imponer nuestro sistema político o económico. Reconocemos que cada país, cada pueblo, debe trazar su propia ruta y dar forma a su propio modelo.

Si lo proclamó el propio Presidente norteamericano, se supone que deba ser política del Gobierno que encabeza. ¿Verdad? Pues no parece ser así, a juzgar por los tozudos hechos, los cuales no dejan resquicio para entender que un dignatario a ese nivel afirme algo que contradigan luego las acciones de su administración.

¿Cómo comprender que, a solo tres días de finalizada la visita de Obama a la Isla, Estados Unidos anunciara un programa de orientación para supuestos líderes emergentes de la sociedad civil cubana, con un presupuesto que asciende a casi 800 mil dólares, en lo que constituye un nuevo intento de inmiscuirse en los asuntos internos del vecino país caribeño?

La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado indicó que ese proyecto está destinado a la financiación de dos a cuatro meses de los programas (…) “que impulsarán el desarrollo de planes de acción para las actividades comunitarias no gubernamentales en Cuba de los participantes.”

El anuncio dice textualmente:

“La sociedad civil cubana no está formada por organizaciones bien establecidas que normalmente se encontrarían en una sociedad con una fuerte tradición democrática. A través de la participación en el programa, los participantes desarrollarán un conjunto de herramientas de liderazgo y habilidades para administrar y hacer crecer las organizaciones de la sociedad civil que apoyarán activamente los principios democráticos en Cuba.”

La inamistosa acción, poco entendible en el actual período de acercamiento entre Washington y La Habana, desconoce la soberanía cubana, al concebirse al margen de las instituciones legales de la Isla.

El programa propuesto plantea que “los jóvenes profesionales seleccionados (de 20 a 35 años de edad), estudiantes universitarios o jóvenes profesionales, serán llevados a Estados Unidos, se les dará una formación de inmersión en la democracia norteamericana y se permitirá que desarrollen un plan de acción para las actividades en Cuba, al regresar a su país”.

La intención está bien definida: “(…) estos jóvenes profesionales modelarán un liderazgo efectivo de los organismos de la sociedad civil que son responsables ante el público, promoverán la participación de la comunidad, la diversidad de medios, y los principios democráticos superiores en Cuba”.

Y como para no dejar espacio a dudas, el nuevo engendro se basa en la Ley Helms-Burton, aprobada en 1996 para darle el supuesto “tiro de gracia” a la Revolución Cubana, sumida entonces en una profunda crisis económica, al combinarse el férreo y extraterritorial bloqueo de EE.UU. con el abrupto derrumbe del llamado Campo Socialista y la desintegración de la URSS, de cuyos mercados dependía en proporción considerable la Isla, obligada a ello por el genocida cerco norteamericano.

La convocatoria de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, expone que aquella ley “permite prestar asistencia y apoyo a individuos y organizaciones no gubernamentales (ONG) independientes para apoyar los esfuerzos de construcción de la democracia en Cuba”. Más claro, ni el agua.

Fue precisamente un escritor, filósofo y poeta estadounidense, Ralph Waldo Emerson (1803-1882) quien se encargó de ilustrar cómo los hechos tienen mil veces más crédito ante la historia que las palabras. “Lo que eres grita tan fuerte que no puedo oír lo que dices”, escribió sabiamente.

Hacer es la mejor manera de decir, resumió otro grande del siglo XIX, el Héroe Nacional cubano José Martí (1853-1995), quien aún hoy parece responder a malintencionados del Norte:

“(…) cuando se vive, y se ha de seguir viviendo, frente a frente a un país que, por sus lecturas tradicionales y erróneas, por el robo fácil de una buena parte de México, por su preocupación contra las razas mestizas, y por el carácter cesáreo y rapaz que en la conquista y el lujo ha ido criando, es de deber continuo y de necesidad urgente erguirse cada vez que haya justicia u ocasión, a fin de irle mudando el pensamiento, y mover a respeto y cariño a los que no podremos contener ni desviar, si, aprovechando a tiempo lo poco que les queda en el alma de república, no nos les mostramos como somos. (…) Ellos, que nos creen inermes, deben vernos a toda hora prontos y viriles. Hombres y pueblos van por este mundo hincando el dedo en la carne ajena a ver si es blanda o si resiste, y hay que poner la carne dura, de modo que eche afuera los dedos atrevidos.”

La afirmación de Obama, el pasado 22 de marzo, de que “El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano”, es de sospechoso parecido con la contenida en aquella Resolución Conjunta, convertida en Ley por el Congreso de EE.UU. en 1898, la cual subrayaba que el pueblo cubano era, y de derecho debía ser, “libre e independiente”.

Aquella fue verdadera letra muerta, bajo las botas de los propios interventores militares yanquis, que desconocieron al Gobierno de la República en Armas e hicieron de Cuba entonces, y durante 60 años, la neocolonia mejor amordazada de su traspatio, hasta que el propio pueblo cubano, confiando su futuro a sí mismo, tomó para siempre, aquel Primero de Enero de 1959, el derecho tantas veces negado a su verdadera libertad.

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