Relaciones Cuba-EE.UU: la batalla está en el ajedrez

Martes, Marzo 22, 2016

Relaciones Cuba-EE.UU: la batalla está en el ajedrezEl juego de este 22 de marzo en el Estadio Latinoamericano, de La Habana, entre el equipo Cuba y el Tampa Bay Rays, de las Grandes Ligas estadounidenses de béisbol, tiene sobre todo un valor simbólico, más allá del resultado numérico.

Se planificó el partido para la fecha final de la histórica visita oficial del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, al país caribeño, primera que realiza un dignatario norteamericano -en funciones- a la Isla en casi 90 años. El choque fue concebido en virtud de la voluntad de los dos países de incrementar las relaciones mutuamente provechosas y consolidar al deporte como puente del intercambio entre ambos pueblos.

A Obama lo antecedió en el tiempo el Presidente Calvin Coolidge, en enero de 1928, con motivo de la reunión de la Unión Panamericana que acogió entonces una Cuba lastrada en su dignidad y soberanía por la Enmienda Platt. La de ahora es la primera visita de un dignatario estadounidense a una Cuba plenamente libre, soberana y revolucionaria, dueña absoluta de su presente y de su destino.

Esta visita constituye un reconocimiento por EE.UU. al Estado cubano, al Gobierno legítimo de la Isla -al que intentó derrocar por las más variadas vías- y a sus dirigentes, sobre todo a su dirigencia histórica, a la que trató de eliminar, incluso a través del asesinato político.

Nadie en su sano juicio puede pretender que las profundas diferencias bilaterales se borren en tres días de visita de Obama a Cuba. Persisten -y seguramente persistirán- grandes diferencias entre el Gobierno de Estados Unidos y el de Cuba en materia de sistemas políticos, democracia, derechos humanos, aplicación e interpretación del Derecho Internacional, concepto de soberanía nacional, preservación de la paz y la seguridad internacionales, entre otros aspectos cardinales. Esas diferencias seguirán, lógicamente, porque son expresión de las esencias de los sistemas políticos de uno y otro país.

Las que atañen directamente a las relaciones bilaterales- de seguirse en el camino hacia su normalización- se dirimirán no en el terreno de la abierta confrontación, sino fundamentalmente en el ámbito cultural, ideológico, un terreno donde la inteligencia y la preparación de la mente serán clave.

Lo decía recientemente la intelectual y ensayista cubana Graziella Pogolotti, Premio Nacional de Literatura y de Crítica de Arte, en declaraciones a la prensa:

“(…) Lo que constituye el factor cultural más peligroso, más técnicamente desarrollado, es todo lo que tiene que ver con los medios masivos de comunicación, con la concepción de la cultura entendida como espectáculo, con un enfoque en relación con la felicidad humana que propone algo que está a las antípodas de nuestro proyecto emancipador.

“Por eso, los países pequeños tenemos que apoyarnos, en primer lugar, en la inteligencia. Y esto nos debe llevar a un trabajo realmente serio y profesional, de análisis y desmontaje de los mecanismos que se utilizan en estas fórmulas de comunicación, para, a partir de ahí, ir construyendo nuestro propio modelo, que no solamente debe responder a un contenido diferente, sino que también tiene que esmerarse en refinar un lenguaje cada vez más eficaz”.

Estamos pasando del terreno de béisbol al tablero de ajedrez, y ganará quien mejor trace y materialice sus estrategias.

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