Soy una mujer empoderada, como los millones de cubanas

Sábado, Marzo 19, 2016

Soy una mujer empoderada, como los millones de cubanasEn el mundo, está más de moda hoy el empleo del término “empoderamiento femenino” que el llevarlo a la práctica. En Cuba, después del triunfo de la Revolución, primero se avanzó mucho en materializarlo como fenómeno social, antes de ponerle nombre a las realizaciones de la mujer en todos los ámbitos de la vida social, política y económica del país, cuyo pueblo se empoderó a sí mismo hace décadas.

En su más reciente conferencia de prensa, a raíz de las nuevas medidas de la administración del Presidente estadounidense, Barack Obama, respecto a Cuba, el canciller de la Isla, Bruno Rodríguez, se refería a que altos funcionarios del Gobierno de Estados Unidos han declarado que el objetivo de esas decisiones es “empoderar” al pueblo cubano.

Confieso que, como cubana, madre y trabajadora -cual sucede a los millones de féminas en mi país-, tengo mucho de qué enorgullecerme, no solo como beneficiaria de una Revolución que ha sido la principal promotora y garante de mis derechos, sino también de mi condición de protagonista de los raigales cambios operados en esta pequeña Isla, pese a ser una nación subdesarrollada, con el lastre que representa resistir más de medio siglo de bloqueo económico, comercial y financiero de la mayor potencia imperial de la historia.

Precisamente, este cerco constituye el principal obstáculo para el desarrollo pleno del país y el adelanto de las mujeres, una forma de violencia directa e indirecta que impacta y entorpece el disfrute de los derechos fundamentales de las cubanas, incluido su derecho al desarrollo.

Cuando aún estaba en el vientre de mi madre, ya las políticas sociales de mi país le garantizaron la atención del embarazo. Igual beneficio me correspondió a mí, cuando la concepción de mi hijo: se me otorgó una licencia de maternidad, retribuida con el 100 por ciento de mi salario como trabajadora, con derecho a conservar mi plaza en el centro laboral. Todo el seguimiento médico del embarazo corrió a cuenta del Estado cubano, así como también la vacunación del bebé contra más de una decena de enfermedades prevenibles por esa vía. Todo, sin que me costara un centavo.

Como cualquier niña y mujer de mi sociedad, he tenido acceso a la educación, a la salud, a la cultura y otros beneficios. Conocí féminas de mi edad, con discapacidades físicas o mentales, que fueron matriculadas en escuelas especiales, donde se les garantizó educación y atención a sus limitaciones, a fin de minimizar estas y lograr su mayor inserción social posible.

Desde adolescente, me incorporé a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), fundada desde los años iniciales después del triunfo revolucionario, una organización no gubernamental de la sociedad civil -con estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, y de la que hoy forman parte más de cuatro millones de féminas, alrededor del 90 por ciento de las mayores de 14 años de edad.

Esta ha sido -y es- un factor decisivo en la iniciativa, proposición y materialización de las leyes en beneficio de la mujer y la familia, y ha influido decisivamente en que la legislación cubana contemple una perspectiva diferente de las relaciones hombre-mujer en la sociedad.

Nací y he crecido en una sociedad donde hace tiempo son una realidad muchas de las metas del objetivo 5, de la recién aprobada Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030, consagrado a lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

Como todas las trabajadoras en Cuba, percibo igual salario que los hombres por trabajo de igual valor y tengo derecho a pensión por viudez, invalidez total o parcial, a licencia de maternidad retribuida hasta un año después de nacido el bebé. Las cubanas también tienen derecho a la tierra, a recibir créditos bancarios, acceso a servicios de educación y salud gratuitas y universales con calidad, a sus derechos sexuales y reproductivos.

La inserción de las mujeres de mi país en el proceso de desarrollo, como beneficiarias y protagonistas activas, se califica como uno de los fenómenos sociales más exitosos ocurridos en la Isla, se subrayó en el Período 60 de Sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que sesiona en Nueva York desde el 14 al 24 del presente mes.

Cuba fue uno de los primeros Estados en firmar y ratificar la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

Algunos datos pueden ilustrar la senda de realizaciones de las cubanas en el último medio siglo: la tasa de desocupación femenina hoy es inferior a 3,5 por ciento; ellas son casi la mitad del total de ocupados en el sector estatal civil y el 47 por ciento de quienes ocupan altos cargos de dirección. Su presencia a nivel parlamentario asciende al 48,86 por ciento y su representación en el Consejo de Estado se incrementó al 45,2.

En la nación antillana, la mayoría de los jueces, fiscales y abogados son mujeres, cargos que en muchos países los ocupan los hombres. Ellas representan el 58 por ciento de los investigadores científicos del país.

También son más del 79 por ciento de los trabajadores del sector de la salud; y por especialidades: el 60,4 por ciento de los médicos, el 80 por ciento de los especialistas de enfermería y más del 80 de oftalmología. En el sector de la justicia, la mayoría de juezas y fiscales son féminas; y en el científico, constituyen el 53 por ciento de la fuerza laboral y el 63 por ciento de los graduados universitarios, expuso en declaraciones a la prensa Teresa Amarelle, secretaria general de la FMC.

Es apenas una ínfima muestra de lo que ha alcanzado este importante sector poblacional en una Revolución Socialista, perfectible como toda obra humana, aún con brechas de género y desafíos, que seguirán enfrentándose con el indiscutible liderazgo de sus mujeres, conscientes de que, como expresó la Presidenta fundadora de la FMC, Vilma Espín (1930-2007): “Socialismo para las mujeres cubanas significa libertad, independencia, soberanía, dignidad, justicia social, seguridad para la formación y desarrollo de los hijos, derecho a la igualdad, a la vida, a decidir el propio destino, a trabajar por el porvenir soñado y defenderlo con todas las fuerzas”.

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