Los retos de la izquierda más revolucionaria de Latinoamérica

Domingo, Febrero 28, 2016

Los retos de la izquierda más revolucionaria de Latinoamérica¿Cómo es posible que haya vencido el NO, con todo lo que el Gobierno de Evo Morales ha hecho por su pueblo?, me preguntó un vecino, inmediatamente después de conocerse que en Bolivia ganó esa opción en el más reciente referendo popular sobre la posibilidad de que el Presidente y el vicepresidente del país pudieran reelegirse dos veces consecutivas, en el empeño por consolidar programas de corte progresista.

Algo similar se preguntan muchos en torno a este y otros reveses de la izquierda postneoliberal en Sudamérica.

Es difícil entender estos tropiezos, cuando la izquierda postneoliberal ha tenido éxitos extraordinarios en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, en el contexto de una economía internacional que no hace sino aumentar esos flagelos.

En el continente más desigual del mundo, cercados por un proceso de recesión profunda y prolongada del capitalismo internacional, los Gobiernos de Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador han disminuido la desigualdad y la pobreza, han consolidado procesos políticos democráticos, han construido procesos de integración regional independientes de EE.UU. y han acentuado el intercambio Sur-Sur, subrayó esta semana Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, en un artículopublicado en el sitio digital Rebelión.

En torno al tema y en la misma publicación, el escritor y politólogo argentino Marcelo Colussi firma un texto en el cual comenta que en estos momentos “un claro discurso de derecha va queriendo volver a imponerse en el continente: acaba de triunfar en las elecciones presidenciales de Argentina, con el conservador Mauricio Macri, y en las legislativas de Venezuela, con el triunfo de la MUD -Mesa de la Unidad Democrática–, eligiéndose como presidente de la Asamblea a Henry Ramos Allup, un viejo zorro de la politiquería corrupta, furioso antichavista. En Brasil, ese discurso de derecha pretende poner contra las cuerdas a la presidenta Dilma Roussef con denuncias de corrupción y un clima de hostigamiento mediático continuo. Otro tanto sucede con Rafael Correa en Ecuador”.

A mi juicio, la derecha ha podido reaccionar y llevar tras su discurso a amplias masas populares, porque las izquierdas en el poder no han sido lo suficientemente radicales como para quitar a la burguesía los medios de producción fundamentales y su primordial herramienta de sometimiento: la prensa en sus más variopintas modalidades: escrita, radial, televisiva, digital.

Ambos autores tienen puntos comunes, al reconocer en la izquierda postneoliberal su incapacidad de contrarrestar el poder de los monopolios privados de los medios de comunicación, que han actuado de forma brutal y avasalladora en contra de los Gobiernos progresistas que han contado con éxitos en su gestión y un amplio apoyo popular.

No debe creerse (como ha sucedido) que hacer buenas políticas para la gente es suficiente como para producir automáticamente conciencia correspondiente al apoyo a los Gobiernos. Se trata de un fenómeno que va más allá de la indiscutible conquista social que constituye enseñar a grandes masas a leer y escribir.

Coincido con Sader en que se ha subestimado el poder de acción de los medios de información en la conciencia de las personas y los efectos políticos de desgaste de los Gobiernos que esa acción promueve.

Otro aspecto clave es el enriquecimiento material que han posibilitado algunos de estos Gobiernos progresistas, que, si bien han sacado a millones de la pobreza, han propiciado que otros millones pasen a formar parte de la clase media, en proporciones significativas.

Y es que las leyes sociales se cumplen con el mismo rigor que las existentes en la naturaleza. ¿Qué identificación real pueden tener con el proletariado la pequeña y la mediana burguesía? En todo caso, buscan una alianza coyuntural para enfrentar el avance aniquilador del gran capital y la concentración monopolista. Pero hasta ahí. Nunca se identificarán con los ideales de los desposeídos.

Carlos Marx, uno de los más grandes científicos sociales de todos los tiempos, dejó bien claro para la historia el siguienterazonamiento:

“La pequeña burguesía democrática está muy lejos de desear la transformación de toda la sociedad; su finalidad tiende únicamente a producir los cambios en las condiciones sociales que puedan hacer su vida en la sociedad actual más confortable y provechosa.

(…)

“En concreto: aspiran a corromper a la clase trabajadora con la tranquilidad, y así adormecer su espíritu revolucionario con concesiones y comodidades pasajeras.

“Para nosotros no es cuestión reformar la propiedad privada, sino abolirla; paliar los antagonismos de clase, sino abolir las clases; mejorar la sociedad existente, sino establecer una nueva (…).”

Se trata de una verdad que, en marzo próximo, cumplirá 166 años de haber sido expuesta y que conserva asombrosa vigencia.

Como subraya Sader, los Gobiernos postneoliberales y las fuerzas que los han promovido son los elementos más avanzados a disposición de la izquierda latinoamericana y que funcionan también como referencia para otras regiones de mundo.

Lo que se vive es el final del primer periodo de la construcción de modelos alternativos al neoliberalismo (…). Las clave del paso a un segundo período tienen que ser: profundización y extensión del mercado interno de consumo popular; proyecto de integración regional; intensificación del intercambio con los Brics (las cinco economías nacionales emergentes más importantes del mundo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y su Banco de Desarrollo, precisa el también coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro.

Hay que construir un proyecto estratégico para la región, no solo de superación del neoliberalismo y del poder del dinero sobre los seres humanos, sino de construcción de sociedades justas, solidarias, soberanas, libres, emancipadas de todas las formas de explotación, dominación, opresión y alienación, concluye el sociólogo y científico político brasileño.

Aunque el tiempo apremia para no dejar que la derecha siga ganando terreno, recordemos que la izquierda ha vivido momentos mucho peores y ha sabido resurgir con más fuerza y vigor.

Es el momento de meditar profundamente y sacar las mejores experiencias por el bien de aquellos que constituyen la inmensa mayoría de nuestras sociedades latinoamericanas.

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