¡Para que perdure esa sonrisa divina!

Martes, Diciembre 1, 2015

Para que perdure esa sonrisa divinaAlejandra tiene apenas cuatro años de edad, luce los ojitos más redondos del mundo y una sonrisa divina, cautivante hoy, pero que pudiera malograrse si su familia no ataja a tiempo esa práctica de la pequeña de mantener en su boca el dedo pulgar.

Lógicamente, ella no alcanza a comprender los riesgos derivados de esta situación: la segura deformación de su arco dental -con su consiguiente repercusión en la presencia personal- y las infecciones que pueden atacar a su organismo, causadas por agentes patógenos recogidos por el dedo que gusta llevar a su boca.

Corresponde a la familia de Alejandrita llevarla con los especialistas, tanto del ámbito odontológico como psicológico, pues se considera que en casos similares aparece la ansiedad entre los componentes causales.

Estudios científicos señalan que chuparse el dedo conlleva peores consecuencias que con el chupete, ya que la presión que ejerce el pequeño al succionar el propio dedo repercute en una elevación excesiva de la bóveda del paladar, al tiempo que se va estrechando paulatinamente la arcada maxilar.

Esta deformación, que los especialistas denominan paladar gótico, dificulta las funciones de masticación y deglución de los alimentos, y puede incidir negativamente en el desarrollo del habla y la pronunciación del pequeño.

En el empeño por erradicar ese hábito de succión no nutritiva, el tiempo no es el mejor aliado; mientras más se tarde el enfrentamiento, menos posibilidades existen de vencer los peligros asociados a una conducta instintiva.

La sonrisa de Alejandra, como la de cualquier niño, merece perdurar por siempre.

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Category: Salud

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