Desde La Habana, el grito salvaje de América

Jueves, Noviembre 5, 2015

Desde La Habana, el grito salvaje de AméricaSudamérica, una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta, guarda aún vastos recursos hídricos y forestales, que cobijan espectaculares especies de plantas y animales, muchas de ellas únicas: un tesoro que podría perderse para siempre, si la humanidad no escucha el creciente grito de dolor de Madre Natura.

Una mezcla de admiración por las simpares bellezas naturales y de vergüenza por la destrucción que de estas hace el propio ser humano, provoca en quien aprecia el documental Colombia Magia Salvaje, estrenado este miércoles en la sala Charles Chaplin, en la apertura de la Novena Semana de Cine Colombiano en La Habana, la cinta más vista en toda la historia de la filmografía de ese país sudamericano, la cual impactó en la gran pantalla desde el primer día de su puesta, el 10 de septiembre último.

El audiovisual sintetiza en 90 minutos un abundante material de 150 horas, arduo trabajo que demoró más de cuatro años para realizarse por el grupo colombiano Éxito y la Fundación Ecoplanet, equipo liderado por el británico Mike Slee.

En lo que constituye la producción fílmica más ambiciosa realizada en Colombia, se explora -con la más alta tecnología- 85 locaciones y 20 ecosistemas para admirar mucho de lo que se desconoce aún por el ser humano, incluso de lo más reciente revelado a los ojos de la ciencia.

El documental es un viaje desde las profundidades del océano Pacífico, en Malpelo, a la Ensenada de Utría -en el Chocó- para ver el esplendor de las ballenas jorobadas; nos permite visitar la llamada Ciudad Perdida, en la Sierra Nevada de Santa Marta, y apreciar las pinturas rupestres más antiguas del continente, en la Serranía de Chiribiquete.

En Colombia Magia Salvaje aparecen el arawana plateado del Amazonas, pez que ha subsistido por 150 millones de años e impresiona a los espectadores por sus saltos, de hasta dos metros, para capturar insectos en las ramas; y los cocodrilos del río Orinoco, que permanecen inmóviles y camuflados bajo tierra durante toda la etapa de sequía.

Las cámaras también captan el andar pausado de los perezosos, amenazados por la caza ilegal, y el aleteo de las ballenas jorobadas, que llegan de la Antártida a las costas del Pacífico; los rituales del mono tití cabeciblanco; el inigualable dominio aéreo del colibrí, del que se reportan en la zona 147 especies, capaces de visitar de dos mil a cinco mil flores en un solo día.

En este asombroso arcoíris de vida, sobresalen igualmente el oso de anteojos, el cóndor del Nevado del Cocuy, el mítico jaguar y la mariposa Morpho, entre otras muchas criaturas: joyas de la naturaleza que pudieran perderse, si desaparece el hábitat que las sustenta.

Las imágenes son acompañadas por los sonidos del entorno y la banda sonora, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Colombia, con música compuesta especialmente para la cinta por artistas como Carlos Vives, Juanes, Fonseca, ChocQuibTown, Walter Silva, Aterciopelados y Andrés Castro.

Más que una vitrina de colorida biodiversidad, esta cinta es un testimonio visual del impacto negativo de la acción humana en la naturaleza, llevado al extremo por las insensibles políticas neoliberales.

Los humanos no deben seguir tomando más de lo que dan; sus industrias llenan de cicatrices los paisajes y extensas manchas en las aguas; la minería y la agricultura desbrozan crecientes superficies de bosques, dejando el suelo a merced de una erosión prácticamente irreversible; el comercio ilícito e indiscriminado de especies ha impulsado la extinción de muchas de estas, que las venideras generaciones solo conocerán, si acaso, por lejanas referencias.

Son realidades de hoy, que resuenan como aldabonazos en la conciencia colectiva, que exigen compromiso ético con el cuidado del planeta Tierra, esta “casa común”, como la denominó en su carta encíclica el Papa Francisco.

Destruir el mundo no debe ser el destino de la humanidad.

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