Netanyahu y su clase magistral de demagogia

Viernes, Octubre 2, 2015

Izan bandera de Palestina en la ONU, como Estado no Miembro Observador. 30/9/2015.

Izan bandera de Palestina en la ONU, como Estado no Miembro Observador. 30/9/2015.

Quedé particularmente conmocionada con el discurso que acaba de pronunciar Benjamín Netanyahu, Primer Ministro de Israel, en el período ordinario 70 de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

“¿Cuándo van a dejar de ver a Israel como una amenaza para la paz?”, “¿Cuándo nos verán como un Estado promotor de la paz?”, preguntó con total tranquilidad este señor que quiso posar como adalid de un país víctima ante los líderes del mundo reunidos en el plenario.

Y fue más lejos aún: en tono amenazante afirmaba que “la ONU debe dejar la obsesión de atacar a Israel”, al referirse a que solo en el año anterior el máximo organismo internacional había aprobado una veintena de resoluciones que condenaban a Tel Aviv por sus acciones hostiles contra los palestinos.

A Netanyahu, esa “pacífica ovejita”, hay que mostrarle algunos hechos, que le responderán fehacientemente.

Es oportuno recordar que, tras la Segunda Guerra Mundial y ante la inminente retirada británica de los territorios que colonizaba en el Oriente Medio, la ONU aprobó en noviembre de 1947 la resolución 181, que proponía formalmente la partición del área (poblada originalmente por los palestinos) y la creación de dos Estados, uno árabe palestino y otro judío.

En mayo de 1948, la comunidad judía declaró unilateralmente la creación del Estado de Israel, lo que desencadenó la intervención militar de los países árabes vecinos en apoyo a los palestinos. El Estado judío no sólo resistió, sino que provocó la salida de gran parte de la población palestina que quedaba en su territorio y amplió la superficie de este más allá de lo previsto en el plan de partición acordado por las Naciones Unidas.

Como parte de su estrategia militar en la región y en su afán por controlar el agua, en junio de 1967 Israel ocupó el Golán sirio, la península del Sinaí egipcio y los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza. Con la ocupación de estos últimos, se apoderó de la totalidad del territorio de Palestina, aunque no los anexó, ante la imposibilidad de expulsar a su población árabe y para evitar incrementar el número de árabes con ciudadanía israelí.

Desde 1967, Cisjordania y la Franja de Gaza han estado bajo ocupación militar israelí. Este régimen ha supuesto el estado de excepción permanente (autoridades y legislación militar), la persecución de los palestinos, la apropiación de sus recursos naturales (tierra y agua), la gradual expropiación de superficies para la instalación de colonos y bases militares, la progresiva judaización de la parte oriental de Jerusalén (donde se pretende que la población árabe deje de ser mayoritaria) y la total subordinación de la economía palestina a la israelí.

Tel Aviv, que hasta posee armamento nuclear, no ha cesado en su política de expansión, que tiene acorralados a los palestinos en pequeñas zonas dispersas y bloqueadas, guetos amurallados que los aíslan del acrecentado territorio dominado por los sionistas, cuyos dirigentes materializan una verdadera limpieza étnica antiárabe.

Los mapas que mostramos a continuación reflejan claramente la rápida progresión del expansionismo del “pacífico” Estado de Israel, especialmente del terreno más fértil y de los enclaves de más interés geoestratégico desde el punto de vista militar; actuar que contradice lo dictaminado hace casi 70 años por la ONU y reiterado en decenas de resoluciones del máximo organismo internacional.

Evolución del expansionismo israelí a costa de los territorios palestinos

Cada vez que los palestinos, con total derecho, realizan cualquier acción de repudio contra el ocupante sionista, y muchas veces sin que esto ocurra, Tel Aviv hace un uso desproporcionado de la fuerza, arremete con su descomunal poderío militar y extiende aún más sus posiciones. Basta el lanzamiento de una sola piedra contra un tanque de ocupación, para que rujan los cañones sionistas de la guerra, bajo el pretexto del “derecho a la defensa”.

Es como si en nuestra casa se introdujera por la fuerza un extraño, nos aislara en una pequeña habitación y, cada vez que hiciéramos el menor acto contrario a esa intromisión, nos atacara con fuerza creciente y redujera aún más nuestro ya limitadísimo espacio vital, argumentando su “derecho” a la defensa.

Solo en el año anterior, la invasión militar Israelí contra la Franja de Gaza dejó dos mil 192 palestinos muertos -incluidos 589 niños y unas 300 mujeres-, tres mil heridos y 110 mil desplazados, en una operación denominada demagógicamente “Margen Protector”.

Muñeca de niña palestina entre los escombros de edificio destrozado por bombas israelíes en Gaza, el 11 de julio de 2014. Foto AFP.

Así quedó uno de los edificios destrozados por bombas israelíes en Gaza, el 11 de julio de 2014. Foto AFP.

Esos ataques dejaron pérdidas por valor de mil 400 millones de dólares e hicieron más difícil aún la situación en la exigua faja terrestre, donde sufre inseguridad alimentaria el 73 por ciento de la población, en tanto una cifra superior requiere ayuda humanitaria, la cual es torpedeada constantemente por el bloqueo a que es sometida por las fuerzas ocupantes, que priva a los residentes de agua, alimentos, medicinas, electricidad y hasta de materiales para reconstruir los destrozos dejados por las bombas sionistas.

Muchos analistas coinciden en señalar que los territorios palestinos ocupados constituyen la mayor cárcel a cielo abierto en el mundo.

Estos hechos -apenas una pequeña parte de la dura realidad que viven los palestinos- bastan para responderle al Primer Ministro Benjamín Netanyahu las “ingenuas” preguntas que formuló ante el plenario de la ONU, en uno de los discursos más monótonos, extensos y de escasísima aceptación de los pronunciados esta semana en el máximo organismo internacional.

Familiares velan a Mohamad Hamid al Masri, el más reciente niño asesinado por ataques israelíes en Gaza. Foto AFP

Familiares velan al niño Mohamad Hamid al Masri, víctima de bombardeo israelí a Gaza. 31/7/2015. Foto AFP.

Frente a tamañas injusticias, siempre se alzará la voz de Cuba, como lo hizo su Presidente Raúl Castro cuando afirmó en una de las intervenciones más ovacionadas (interrumpida por aplausos en nueve ocasiones) del período ordinario 70 de sesiones de la Asamblea General:

“Una solución justa y duradera al conflicto del Medio Oriente exige, inexorablemente, el ejercicio real del derecho inalienable del pueblo palestino a construir su propio Estado dentro de las fronteras anteriores a 1967 y con su capital en Jerusalén oriental, lo que enérgicamente apoyamos.”

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