La paz no es utopía en Latinoamérica y el Caribe

Miércoles, Septiembre 30, 2015

Los hechos comienzan a demostrar que es realidad palpable, y no utopía, la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.A pesar de todas las reticencias de Washington, con sus acólitos intrarregionales y extracontinentales permanentes o de ocasión, Cuba mantuvo su firme disposición al diálogo con Estados Unidos, sin declinar uno solo de los principios de la Isla.

Por fin la Casa Blanca escuchó en serio la exhortación de La Habana de sentarse a la mesa de negociaciones y, de hecho, se restablecieron las relaciones bilaterales: comienzo de un proceso largo, en el que ambas partes han mostrado interés.

La capital cubana es sede de los diálogos entre el Gobierno de Bogotá y las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), en busca de un acuerdo que ponga término a casi seis décadas de conflicto armado en aquel país sudamericano. Se espera que la paz pueda alcanzarse en 2016.

El Presidente cubano, Raúl Castro, recordaba en estos días en la ONU que, con la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y, particularmente, con la firma por los jefes de Estado y de Gobierno, en enero de 2014, en La Habana, de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, “ha quedado demostrado que, por encima de nuestras diferencias, podemos avanzar hacia la unidad y la consecución de objetivos comunes en el marco de nuestra diversidad”.

En su intervención en el período ordinario 70 de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Raúl subrayó que en aquella Proclama, “reafirmamos el compromiso inquebrantable con los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional y de resolver las diferencias de forma pacífica, así como la convicción de que el pleno respeto al derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, constituye una condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”.

Los casos citados son apenas dos ejemplos fehacientes de cómo las posturas civilizadas pueden más que las beligerantes, y nos confirman en la certeza de que no será, sino a través del diálogo, que se halle solución a cualquier conflicto presente o futuro en Latinoamérica o el Caribe.

Estoy convencida de que, más temprano que tarde, la diplomacia se impondrá para que Chile y Bolivia resuelvan las diferencias derivadas de reclamos territoriales; Venezuela y Guyana harán lo mismo respecto a la zona de Esequibo, y se construirá una frontera de paz y prosperidad entre Venezuela y Colombia.

Los únicos interesados en ir contra los cauces pacíficos en la región son aquellos que se han enriquecido, durante años, con el negocio de las guerras, que lucran con el sufrimiento de los pueblos, con el analfabetismo y el empobrecimiento de las grandes masas.

Nuestros pueblos no pueden dejar escapar la oportunidad que ofrece el haberse firmado, en 2014, la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, un compromiso asumido por los Gobiernos de todos los países de ambas zonas geográficas.

Ello es garantía de desarrollo para las generaciones presentes y, sobre todo, de las por venir, a las cuales tenemos el compromiso de legarles una tierra más próspera, donde el analfabetismo, la pobreza, la exclusión y -sobre todo- la desigualdad vayan en franco y acelerado descenso, una tierra donde el ser humano desplace al dinero como eje de las sociedades.

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Category: Política

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