Las conchas más bellas en mi Ciudad Maravilla

Domingo, Junio 28, 2015

Polimitas habanerasLas polimitas, consideradas los caracoles más bellos del mundo, gravemente amenazados de extinción, dejaron por fin atrás su obcecada negativa milenaria a reproducirse fuera de su hábitat natural exclusivo del nororiente cubano, para hacerlo exitosamente -por primera vez ex situ a gran escala- en el encantador espacio natural habanero que acoge la Quinta de los Molinos del Rey, Monumento Nacional.

¿Quisieron sumarse a las celebraciones por la reciente selección de La Habana entre las siete ciudades Maravilla del planeta, o hallaron en este remanso verde capitalino el amor y el cuidado que hace un tiempo les faltan en sus territorios originarios?

Trátese de una cosa o de la otra, lo cierto es que asistimos, en pleno corazón de La Habana, a un inusitado suceso malacológico, sobre el que ahora tengo la posibilidad de conversar con uno de sus protagonistas principales, la técnica en Agronomía Irina Pantoja.

Si vives y laboras en la capital cubana, ¿cómo entraste en contacto con estos ejemplares oriundos del otro extremo de la Isla?, pregunté a la mujer que sus colegas llaman la “madrina” de los caracoles bellos.

Irina en plena atención a sus polimitas

Irina en plena atención a sus polimitas.

“Nunca voy a olvidar aquel 10 de octubre de 2014, cuando pusieron en mis manos una caja plástica, que no sabía qué contenía. Cuando la abrí, me quedé muy sorprendida, al ver 24 vistosos caracoles, colectados en una expedición en el nororiente cubano. Yo había visto esta especie en libros y documentales, y escuchado muchas historias sobre ella, pero no las había tenido así, tan cerquita. Solo me dijeron que comían líquenes y hongos que se fijan a la corteza y las hojas de las plantas. El único hongo a mi alcance en la Quinta de los Molinos era la fumagina.

“Les brindé los primeros cuidados a las polimitas en la misma cajuela, en el cuarto de cría de la Quinta: les daba comida, las sacaba a diario para contarlas -por si se perdía alguna-, les hablaba y las acariciaba, las limpiaba con un pincel y las rociaba con agua, además del aseo cotidiano que ellas mismas realizan, para mantener las condiciones de humedad que necesita la especie. En tiempo de sequía, las polimitas crean una capa banca en la entrada de la concha, como para sellarlas, y se encierran allí; si no las asperjo no salen de la concha y se mueren. Ese fue mi ritual cada día. Así empezaron a crecer y me percaté de que necesitaban un espacio mayor. Por eso, llegó la primera vitrina (de varias que ya tenemos), a la cual coloqué una esponja entre las dos puertas de correderas para retener la humedad en el interior. Fui aprendiendo en la práctica; tuve que buscar información en la literatura nacional e internacional, para enfrentar este nuevo reto en mi vida profesional; y conté con la asesoría del doctor en Ciencias Biológicas José Espinosa, personalmente o por vía telefónica. Él dice que yo las tengo muy malcriadas; yo digo que son como mis hijas, como las hermanitas de mi hijo Ángelo Fernández, que con solo cinco años ya quiere ser científico.”

¿Pudieras ofrecerme detalles de esa expedición científica?

“Los biólogos Roberto Rodríguez y Jenifer Martínez, de la Quinta de los Molinos, el fotógrafo Julio Larramendi y el propio Espinosa participaron en la colecta, en Baracoa, de 12 ejemplares de la polimita picta, subespecie iolimbata; y en Maisí, otros 12 de la subespecie rosiolimbata. El objetivo era tratar de lograr su reproducción en condiciones de laboratorio, a fin de brindar nuestro aporte para evitar la desaparición de estos animalitos, que son tan bellos como beneficiosos.”

La “madrina” se especializa

Con el tiempo aprendí a manejarlas, a intercambiar con ellas, al punto de que hoy en día, cuando abro una vitrina, comienzan a moverse hacia mí, como ratificando que me conocen. ¡Es un trabajo que disfruto mucho!, confiesa, emocionada.

En diciembre de 2014, a los dos meses de su llegada, comenzaron a reproducirse en las vitrinas, que limpiaba diariamente con un pañito húmedo. Su época de reproducción generalmente coincide con el período de lluvias. Como son hermafroditas, dos individuos se unen y efectúan la fecundación cruzada. Después que los huevecillos han alcanzado su madurez en el interior del animal, este desciende por las ramas o tronco de la planta hasta el suelo, donde cavará pequeños huecos en la tierra y depositará cuidadosamente sus huevos, tal como hacen las tortugas, o se irá a colocarlos entre las hojas caídas, me comentó Irina, quien vivió de cerca el proceso de apareamiento del animal.

¿Dudaste alguna vez del éxito del proyecto?

Luego de pretéritos intentos fallidos en el occidente cubano, se logra por primera vez la reproducción ex situ en La Habana.

Luego de pretéritos intentos fallidos en el occidente cubano, se logra por primera vez la reproducción ex situ en La Habana.

“Como era la primera reproducción ex situ a gran escala, algunos estaban temerosos, no sabíamos si iban a reproducirse, incluso algunos pensaban que, de lograrse, las crías podían salir con las conchas deformadas o con otros defectos genéticos; pero yo albergaba la esperanza, más bien tenía la confianza en que mis hijas saldrían sanitas y con sus conchas coloridas, porque toda obra que se realice con amor y dedicación tiene muchísimas posibilidades de éxito.

“En la noche del 31 de enero de este año -tampoco se me a olvidar ese día-, desovaron las primeras polimitas rosiolimbatas. Nadie nunca en la Quinta había visto los huevecillos; solo en los libros. Me quedé impactada, fue muy hermoso. Creo que fueron como 40 huevecillos preciosos, que yo observaba cada día, aprecié como iban cambiando de coloración a medida que crecían, de blanco a amarillento.

“Esperé días, semanas, meses…Ya estaba impaciente. El 4 de marzo último -otra fecha que recordaré siempre, como una madre no olvida la del nacimiento de un hijo-, me encontraba asperjándolas, para que salieran a comer, porque ellas son muy comilonas. Entonces sentí un cosquilleo en mi brazo y, cuando miro, veo a las rosiolimbatas acabadas de nacer, pequeñísimas, de unos dos milímetros, más o menos, subiendo por mi brazo, como para saludarme. Todas nacieron con su aro de color, las coloqué en una maceta con orquídeas, porque su primer instinto es trepar por el tronco de la planta en busca de hongos o líquenes e iniciar su vida arborícola.

“Le di la noticia del alumbramiento al profesor Espinosa y me dispuse para la difícil tarea de la crianza. Ya tengo casi 100 ejemplares, entre adultos y juveniles, agrupados en vitrinas; las hay rojas, amarillas, color manzana, blancas y tres negras. Todas son de diferentes colores y rayados; ninguna se parece, como sucede con las huellas dactilares de una persona.

“Ahora, con ellas tengo el triple del trabajo que al inicio y en la venidera temporada de invierno, comenzará nuevamente el ciclo: el apareamiento, la fecundación, la puesta de huevecillos, la espera por una nueva camada, además del habitual ritual de su atención.

Según estudios, bastan cuatro polimitas adultas sobre una planta de café para mantener sus hojas libres de hongos. Seis u ocho cumplen igual función en un árbol de guayaba. ¡Y todavía hay quienes afirman que son depredadores!

“La falta de cultura ambiental lleva a algunos a pensar que las polimitas destruyen las hojas, las plantas y representan una plaga para los cultivos, pero nada de eso es cierto. Por sus hábitos alimentarios, realizan una labor altamente beneficiosa, pues limpian las hojas y los tallos, al ingerir los hongos y los líquenes que los cubren. Ellas son controladores biológicos, no depredadores; poseen como una especie de dientecito con el cual raspan el hongo para comer, sin perjudicar las hojas.

“Son un tesoro de la naturaleza, que necesita de protección especial, pues la especie está en grave peligro de extinción, debido fundamentalmente a la pérdida o transformación de su hábitat natural, la sobreexplotación por colectas masivas indiscriminadas -asociadas al comercio ilegal- y la introducción de plantas y animales exóticos que modifican el entorno, factores adversos a los cuales se suman los efectos del cambio climático, como afirma el doctor Espinosa en su libro “Las Polimitas”.

Cuidarlas es una labor bella. Este es mi pedacito, donde me siento feliz. Tenemos pensado llevar las polimitas al primer Mariposario cubano -recién inaugurado aquí- cuando se construya el terrario y crezcan las plantas de café. De continuar los buenos resultados de la reproducción ex situ, seguramente devolveríamos una buena cantidad de ejemplares al medio de donde vinieron. Sería nuestro modesto aporte a un reclamo de la naturaleza.

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