Dislates de una Loba disfrazada de Caperucita

Sábado, Febrero 21, 2015

Ileana Ros-LehtinenEn los Estados Unidos, la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen está empeñada en cuestionar la decisión que tomó el Gobierno de Barack Obama de facilitar que un cubano, prisionero en ese país, participara en un proceso de inseminación artificial de su esposa, a fin de que pudieran tener una familia.

Se trata del Héroe antiterrorista Gerardo Hernández, encarcelado injustamente en aquella nación durante 16 años hasta el 17 de diciembre último, cuando retornó libre a Cuba, junto a sus hermanos de causa Ramón Labañino y Antonio Guerrero, luego de acuerdos tomados por los Gobiernos de ambos países. Ellos forman parte del llamado grupo de Los Cinco cubanos, que integran también René González y Fernando González, en la Isla con antelación, tras cumplir íntegramente sus respectivas sanciones carcelarias.

Todo parece indicar que Ros-Lehtinen montó otra de sus habituales “perretas”, ahora con fines electorales, al blandir un tema sensible para el estadounidense común -la familia-, a fin de atacar a Obama, obstaculizar el camino del Partido Demócrata hacia la reelección presidencial como fuerza política y, principalmente, los esfuerzos que se realizan por Washington y La Habana en pos de normalizar las relaciones bilaterales, interrumpidas durante más de medio siglo.

Lo que haga este personaje en sus propósitos electoreros, no merece en sí tanta atención como los supuestos “argumentos” que esgrimió para su nueva arremetida.

Según la agencia germana de noticias DPA, Ileana formuló su reclamación a través de una carta que firmó junto a su colega Robert (Bob) Goodlatte (presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes), enviada al jefe de Prisiones, Charles Samuels, y en la cual subraya la “consternación e indignación” que sienten ambos republicanos por lo sucedido.

elian-ileana-180x250Y me pregunto: ¿realmente le preocupa tanto el tema familiar a Ileana Ros-Lehtinen? Hasta donde recuerdo, la congresista de la Florida, junto a su cófrade epistolar, se opuso férreamente a que el niño Elián González, de apenas seis años de edad (1999), reclamado por su padre en Cuba, retornara a la Isla, donde había nacido y se había criado hasta entonces.

El incidente se produjo tras ser rescatado por pescadores norteamericanos, completamente solo y aferrado a un neumático de automóvil, días después del naufragio en que pereció la madre y otros ocupantes de la frágil embarcación en que pretendían ingresar ilegalmente a la norteña nación.

Elián, secuestrado por contrarrevolucionarios en Miami, con el apoyo de familiares lejanos, fue devuelto a Cuba siete meses después, bajo la tutela del padre, tras largo proceso judicial, violatorio del derecho internacional y de las propias leyes norteamericanas, que reconocen solamente a los tribunales del país de origen jurisdicción sobre casos como ese.

Conservo en la memoria la escena propagandística, en la cual Ileana Ros-Lehtinen envolvió al pequeño Elián en una bandera norteamericana.

Fue en aquel contexto en que ella se ganó el mote de Loba feroz, por su apoyo al connotado terrorista Luis Posada Carriles y la intransigente y politizada postura contra la estabilidad psíquica de Elián, contra la integridad de la familia, contra la esencia misma del ordenamiento jurídico y constitucional de la nación norteamericana. Pero fracasó. Y ahora vuelve a la carga en un asunto también de familia.

Iliana y BasultoEn la carta que dirigió hace unos días al jefe de Prisiones de EE.UU., la misma congresista de origen cubano señala que Gerardo Hernández era miembro de una “red clandestina de la Inteligencia cubana en Florida” y que, debido a sus acciones, “algunos de los ‘Hermanos al Rescate’ no pudieron tener su propia familia”; por lo tanto -según ella- no debió ser beneficiado con la inseminación artificial de su esposa, Adriana Pérez, proceso del cual nació Gema, el 6 de enero último.

Sin embargo, la misiva obvia por qué Gerardo decidió integrar aquella red. Recordemos que en la década de los años 90 del pasado siglo, tras la desaparición del campo socialista y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (mercado seguro para el 85 por ciento del comercio de Cuba), los enemigos de la Revolución Cubana, y esencialmente la extrema derecha con cuartel general en la Florida, vieron los “cielos abiertos”. Consideraron que había llegado el mejor momento para que EE.UU. acabara de estrangular a la Isla, al arreciar el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto oficialmente desde 1962.

También acentuaron los sabotajes, planes de asesinato contra dirigentes de la Revolución y disímiles acciones subversivas. En poco tiempo, después del desmoronamiento de la URSS, se habían realizado más de 30 atentados contra hoteles, vehículos para el transporte de turistas y locales frecuentados por extranjeros, en un claro intento por destruir la pujante industria turística, locomotora de una economía muy golpeada por la pérdida, casi de la noche a la mañana, de sus principales mercados.

La Loba feroz omite deliberadamente que, gracias a informaciones obtenidas por los servicios secretos de la Inteligencia cubana, se abortaron varios planes terroristas, como la tentativa de colocar 900 gramos de explosivo plástico C-4 en el famoso cabaret Tropicana, en La Habana, que en noche de espectáculo recibe a cerca de mil visitantes, proyectos que, de haberse consumado, habrían sumido en la tristeza a centenares de familias de diversos países.

En su libro Los últimos soldados de la guerra fría, el escritor brasileño Fernando Morais se refiere detalladamente a ese ambiente de tensión, catalizado por grupos extremistas asentados en la Florida, que se envalentonaron ante la mirada complaciente de Washington y llegaron incluso a anunciar a la prensa que continuarían realizando acciones violentas en la Isla para minar el turismo.

En esas aventuras se involucraron más de cuatro decenas de agresivos grupos “anticastristas”, de los cuales la mayoría defendía abiertamente la confrontación armada con Cuba. Algunos, incluso, tenían sus campos de entrenamiento militar en el sur de la Florida. Sobresalieron por su protagonismo los denominados Alfa 66, Comandos L, Omega-7 y Hermanos al Rescate, este último con la publicitada apariencia de ser una “institución humanitaria no lucrativa sin finalidades políticas”, que solo se dedicaba a rescatar a cubanos en altamar que “huían” de la Isla.

Todo ello, y las frecuentes invasiones de las aguas territoriales cubanas por embarcaciones salidas de Miami, cargadas de armas y explosivos, no dejó a Cuba otra alternativa para contener la ola de atentados: infiltrar agentes de Inteligencia en las organizaciones de extrema derecha de la Florida y obtener información sobre las agresiones en el momento en que eran planeadas.

La necesidad de proteger no exactamente a sus familias, sino a su pueblo, incluso al de Estados Unidos, frente a actos terroristas que pretendían el derrocamiento del régimen en Cuba, obligó a hombres como Los Cinco a aplazar proyectos y sueños personales para arriesgar sus vidas en una heroica lucha antiterrorista en el seno de un país que se autoproclama “luchador contra el terrorismo”.

Volviendo a la carta de marras, la Ros-Lehtinen tuvo la desfachatez de exponer que, debido a las acciones de Gerardo, “algunos de los ‘Hermanos al Rescate’ no pudieron tener su propia familia”.

Avioneta de Hermanos al RescateSe refería, implícitamente, al derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, el 24 de febrero de 1996, por la Defensa Antiaérea de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de la Isla, luego de reiterados llamados de Cuba a abstenerse de seguir realizando incursiones aéreas sobre su territorio, que violaban la soberanía nacional.

Cada vez con mayor frecuencia, los aviones de los Hermanos al Rescate burlaban los planes de vuelo presentados antes del despegue en los aeropuertos de la Florida, entraban en el espacio aéreo cubano y realizaban peligrosos sobrevuelos en La Habana, no obstante estar alertados por los controladores de vuelos de la capital cubana, en torno al riesgo que corrían en esas incursiones ilegales.

Cuando se encontraban encima del concurrido Malecón -la avenida de ocho kilómetros de extensión que bordea el litoral habanero- los pilotos de esa organización, incluido su cabecilla José Basulto, lanzaban cientos de miles de octavillas, en las que exhortaban al pueblo a rebelarse contra el Gobierno.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla dejó constancia al respecto en notas enviadas por escrito al Departamento de Estado Norteamericano. En el desafortunado incidente, sobre aguas jurisdiccionales cubanas, perecieron los tripulantes de ambas naves.

En el libro Atlanta y el caso de Los Cinco, la larga marcha hacia la justicia, compilación de documentos realizada por el Parlamento cubano en torno al proceso judicial al respecto, se precisa que en el juicio a Gerardo se levantó en su contra la falsa acusación de conspiración para cometer asesinato, única en los anales de la jurisprudencia estadounidense. Se convirtió en el punto focal del proceso judicial y tenía que ver con las dos avionetas derribadas.

Cinco Héroes cubanos antiterroristasLos Cinco se encontraban en Miami en aquel momento y ninguno estuvo implicado en trasmitir o ejecutar la orden de abatir aquellas naves, luego de que estas ignoraran las advertencias de no penetrar en el espacio aéreo de Cuba.

“Uña y carne” de Posada Carriles, José Basulto y de otros connotados terroristas que han enlutado a miles de familias en Cuba y otras naciones de Latinoamérica, la Loba luce ahora más feroz que nunca. A ella y a toda la extrema derecha miamense les duele que Cuba siga adelante, que el propio Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, haya reconocido públicamente el fracaso del bloqueo y de la política de hostilidad contra la Isla y se pronuncie por la normalización de las relaciones bilaterales.

En el fondo, los aullidos no son sino dislates de una Loba disfrazada de Caperucita, debido esencialmente a las pérdidas crecientes de las cifras millonarias que han alimentado durante décadas la maquinaria de la contrarrevolución. ¡Nada que ver con el amor a las familias, ni de aquí ni de allá!

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