Los Cinco y Alan Gross, ni lo mismo ni se escribe igual

Jueves, Diciembre 18, 2014

memorial jose marti

Aunque se anunció este 17 de diciembre la liberación de uno y otros, son muy distintos los casos de Alan Gross y de los últimos Héroes antiterroristas cubanos prisioneros en EE.UU. desde hace 16 años.

De momento, pongo a un lado el hecho trascendental de este paso para las relaciones entre EE.UU. y Cuba, para detenerme en dejar bien claro que Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero (excarcelados el miércoles último), René González y Fernando González (liberados antes, tras cumplir íntegramente sus respectivas condenas carcelarias) no se encontraban en aquel país para acopiar ni transmitir información que pusiera en riesgo la seguridad nacional norteamericana, sino para monitorear a grupos terroristas anticubanos que operan -con la anuencia de Washington- en el estado de Florida.

Su única misión era alertar sobre planes organizados por esas agrupaciones violentas, responsables de la muerte de muchos ciudadanos cubanos (incluso de estadounidenses), víctimas del más rancio e irracional proceder de la mafia cubano-americana basada en Miami.

Los Cinco estaban atentos, por ejemplo, a los planes de algunos de los más peligrosos exiliados cubanos que habían demostrado ampliamente su voluntad y capacidad de utilizar el asesinato y el terrorismo para lograr sus objetivos. Uno de ellos era Orlando Bosch, uno de los autores intelectuales del sabotaje en 1976, en pleno vuelo, a una nave de Cubana de Aviación frente a las costas de Barbados, hecho que causó la muerte a las 73 personas a bordo, incluido el equipo juvenil de esgrima de Cuba.

Los Cinco también permanecían al tanto de organizaciones paramilitares, como la encabezada por Luis Posada Carriles -el otro autor intelectual del llamado Crimen de Barbados-, quien concibió un plan para asesinar al entonces Presidente Fidel Castro en una Cumbre de Jefes de Estado en Venezuela, y a los responsables de haber colocado una bomba en el habanero Hotel Copacabana, en 1997, que mató al joven turista italiano Fabio Di Celmo e hirió a otras personas.

El trabajo desarrollado por Los Cinco permitió que se abortaran cerca de 170 acciones terroristas en Cuba, organizadas desde la nación imperial.

Jamás realizaron labores de espías, pese al empeño de la gran prensa en tildarlos como tales. Su arresto y posterior enjuiciamiento político fueron totalmente injustos e inmerecidos. El Grupo de Detenciones Arbitrarias de la ONU consideró -en mayo de 2005- arbitrario el encarcelamiento de quienes, poco después, fueron condecorados con el título de Héroes de la República de Cuba.

La arbitrariedad en su detención se sustentó en que fueron mantenidos en confinamiento solitario durante 17 meses, sin debido acceso a los abogados y a las evidencias del caso, y porque existió un clima de predisposición y prejuicio que contribuyó a que fueran presentados como culpables desde el principio, en ausencia de objetividad e imparcialidad.

Una decena de Premios Nobel de la Paz, además de juristas, parlamentarios, jefes de Estado y de Gobierno y centenares de comités de solidaridad en el mundo (hasta en los propios EE.UU.)…, millones y millones de personas en todo el orbe reclamaron la libertad incondicional de esos hombres, arrestados el 12 de septiembre de 1998 y condenados a fines de 2001 a penas que oscilaron desde 15 años hasta dos cadenas perpetuas más 15 años.

Sus condenas se derivaron de un proceso judicial amañado, en una sede inadecuada (Miami), donde no fue seleccionado un jurado justo e imparcial, adicionalmente sometido a presiones y amenazas por elementos al servicio de la propia mafia miamense que se sirve de los grupos terroristas anticubanos que motivaron la presencia de Los Cinco en los Estados Unidos.

Esos Héroes nunca debieron haber estado ni un segundo en la cárcel. Ese lugar debió reservarse, en realidad, para los terroristas que Los Cinco monitoreaban, y no a la inversa. Sin embargo, el contrasentido ha sido consustancial al proceder de Washington en sus relaciones con Cuba desde 1959, cuando el pueblo de la Isla firmó, a base de la sangre de miles de sus mejores hijos, el acta de nacimiento de la libertad, la independencia y la soberanía nacional.

El caso del ciudadano estadounidense Alan Gross es absolutamente distinto. Este hombre no era -como se ha propalado por manipuladores de conciencias públicas- ningún cooperante humanitario ni nada que se le parezca, sino un contratista (agente privado de inteligencia) con experiencia en más de 50 misiones, incluidas las intervenciones militares en Irak y Afganistán.

En Cuba, Gross ingresó cerca de 300 mil dólares por llevar ilegalmente equipos de comunicación satelital a la llamada “disidencia” cubana, en el contexto de los programas estadounidenses de “cambio de régimen” en la Isla. El suyo era, con todas las letras, un acto de injerencia en la política interna de otro país.

No pocos “medios de desinformación masiva” se han empeñado también en difundir que estaba en Cuba para dotar de Internet a la comunidad judía, afirmación disparatada, si tenemos en cuenta que todas las sinagogas del país ya tenían Internet y no fueron visitadas jamás por él, según confirmó la propia comunidad hebrea cubana.

El reverendo Odén Marichal, secretario del Consejo de Iglesias de Cuba, que agrupa las instituciones religiosas cristianas, así como también a la comunidad judía de Cuba, ratificó esa posición, al plantear que jamás tuvo relación con ese señor, de quien nunca recibieron equipo de ninguna clase.

La realidad es que Gross era empleado de la Development Alternative Inc., subcontratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional, la cual a su vez depende del Departamento de Estado norteamericano. Fue juzgado y condenado a 15 años de prisión por distribuir equipos satelitales, en el marco de un programa del Departamento de Estado de “promoción de la democracia en Cuba”, cuyo objetivo es un “cambio de régimen” en la Isla.

Este señor violó las leyes cubanas, al cometer acciones que constituyen delitos graves sancionados severamente en la mayoría de los países, incluso en EE.UU.

Washington no permite que otro Gobierno desconozca sus regulaciones y envíe clandestinamente a individuos a su territorio, con financiamiento gubernamental de ese otro Estado, para que establezcan sistemas ilegales y encubiertos de comunicaciones, sin que medie ningún tipo de trámite o registro, mucho menos si ello tiene como objetivo realizar acciones de desestabilización contra el orden existente.

Alan Gross fue procesado y sancionado con todas las garantías y derechos sobre el debido proceso y cumpliendo los principios relativos a la independencia judicial. Recibió un tratamiento decoroso y humano desde su arresto el 3 de diciembre de 2009, incluida la asistencia médica, gratuita en la Isla.

El caso de los tres Héroes retornados a Cuba este 17 de diciembre y el Alan Gross, liberado en la misma fecha, se insertaron en un proceso negociador entre Washington y La Habana, considerado un paso histórico en las relaciones bilaterales, que incluyó lo para muchos impensado: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, rotas unilateralmente desde hace más de medio siglo por el país norteño.

Ahora que esos nexos van a recomponerse, bien vale la pena que quede bien claro que el caso del excontratista Alan Gross es una cosa, y otra -bien distinta- el de nuestros Héroes antiterroristas. Cuentas claras conservan la verdad histórica.

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