Washington y su finísimo arte para tergiversar

Miércoles, Mayo 28, 2014

Washington y su finísimo arte para tergiversarLos Estados Unidos de América han demostrado estar provistos de un finísimo arte para presentar los fenómenos de una forma totalmente distinta a como estos son, especialmente cuando se trata de dar curso a su desenfrenado espíritu guerrerista.

Recordemos que, en 1898, cuando el Ejército Libertador de Cuba tenía prácticamente vencidas a las tropas colonialistas españolas en la Isla, Washington consideró que había llegado el momento oportuno para intervenir y “llevarse el pastel”.

El 18 de abril de ese año, el Congreso de EE.UU. aprobó una Resolución Conjunta, puesta en práctica de manera totalmente opuesta -a su letra y espíritu- por los militares estadounidenses que disputaron a España la posesión de Cuba.

Ese documento, convertido en Ley del norteño país, al ser sancionada al día siguiente por el entonces Presidente William McKinley (gobernó desde 1897 hasta 1901), indicaba textualmente: “(…) el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”.

En 1902, cuando culminó aquella primera intervención militar estadounidense en Cuba, los yanquis habían establecido toda una estructura política, económica, jurídica y administrativa, que le aseguraban que la Ínsula fuera una perfecta neocolonia: ni libre ni independiente. Solo 57 años después, un pueblo liderado por el Ejército Rebelde -con con joven abogado Fidel Castro al frente- puso las cosas en su lugar, donde se mantienen hoy; de ahí la “rabieta” permanente de Washington respecto a la Isla.

Allende viveEstos “detalles” de la historia vienen a la mente, a propósito de divulgarse -por medios de prensa cubanos e internacionales- que el Presidente Richard Nixon abogó por “hacer gritar” la economía chilena durante el Gobierno socialista del Presidente Salvador Allende.

Más de 350 documentos desclasificados revelan detalles de ese plan para sacar a Allende de la presidencia.

¿No es eso acaso lo que han intentado durante más de medio siglo respecto a la Cuba comunista?

¿No les parece que hoy la Casa Blanca hace algo muy parecido en relación con el Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela?

Tanto Cuba como Venezuela son acusadas por EE.UU. de ser países violadores de los derechos humanos. La realidad es totalmente al revés. Los Gobiernos socialistas de Cuba y Venezuela no hacen otra cosa que velar por que sus respectivos pueblos disfruten ampliamente de esos derechos.

Terrorismo made in USAToda la verborrea que destilan los voceros del imperio norteamericano, no tiene otro objetivo que disfrazar de altruismo, benevolencia y filantropía una política exterior diseñada para garantizar al gran capital los recursos necesarios para aquella voraz sociedad de consumo.

Un ejemplo reciente lo citaba el comentarista Walter Martínez, de Venezolana de Televisión, en su programa Dossier, que retransmite la multiestatal Telesur.

Los buques de EE.UU. demoran más de 40 días en trasladar a ese país el petróleo que buscan en el Oriente Medio. Si lo llevaran desde Venezuela, lo lograrían en apenas cinco días.

He ahí una esencia, que ilustra el porqué de tanta insistencia de Washington en demonizar al Gobierno de Nicolás Maduro, como antes lo hizo con el de Hugo Chávez.

Por eso apoyaron el golpe de Estado contra Chávez en 2002, como ahora lo hacen con la versión “suave” contra Maduro. ¿Dónde se le quedó el traje de demócrata a Washington?

Lo que Estados Unidos no logra con la subversión, con su gigantesca maquinaria propagandística, entonces lo confía a las armas.

Guerrerismo de Estados UnidosEn los últimos años, sobre todo a partir del 11 de septiembre de 2001, el mundo vive en constante incertidumbre, con la reactivación de la maquinaria bélica y una política exterior de Estados Unidos cada vez más agresiva que atenta contra la paz, la seguridad y el orden internacional en un planeta que sucumbe lentamente ante el desastre ecológico provocado por la actividad irracional inherente al sistema capitalista, liderado precisamente por Washington.

Tras los atentados terroristas al World Trade Center de New York, la potencia imperial ha desatado una cruzada en nombre de una supuesta lucha contra el terrorismo, con invasiones a Afganistán (2001), Irak (2003) y Libia (2011), porque las guerras se han convertido para Washington en el pan nuestro de cada día, en particular luego de la Segunda Guerra Mundial.

De entonces a la fecha, EE.UU. ha agredido o invadido países, prácticamente, sin darse un respiro: ha intervenido en 201 de los 248 conflictos armados ocurridos en 153 zonas del orbe, revela un estudio publicado recientemente en la revista American Journal of Public Health.

Además de su presencia en el 80 por ciento de todas las guerras, EE.UU. mantiene más de 700 bases militares en más de 100 naciones (incluido el ilegítimo enclave aeronaval en Guantánamo, territorio cubano) y consume más del 40 por ciento del gasto militar universal, con una población que representa menos del 5 por ciento del total mundial y alrededor del 25 por ciento de la producción mundial.

En ese campo, sus gastos devoran, como mínimo, el 21 por ciento del presupuesto federal norteamericano (dos mil 500 billones de dólares), presupuesto militar que es mayor que el Producto Interior Bruto (PIB) de países industrializados, como Bélgica o Suecia. Para este 2014, el Congreso norteamericano aprobó 552 mil 100 millones de dólares, un presupuesto similar al de los ocho países juntos que le siguen en la lista de gasto en Defensa, según datos de Global Firepower.

Estados Unidos, el gran invasor mundialCifras millonarias destinadas a preservar el liderazgo global de la primera potencia mundial, cuya fuerza militar asciende a 1.5 millones de soldados en activo y otros dos millones en la reserva, de ellos casi 600 mil dedicados exclusivamente a las operaciones en tierra, además de cinco mil robots de los 25 mil previstos para 2015 diseñados para una futura guerra virtual y cuya misión es destruir las líneas enemigas con menor costo de vidas militares. A ello se une su vasta capacidad de rearme -si la guerra se prolongara- y de combatir en dos grandes escenarios terrestres a la vez, como hizo durante la pasada década.

Y es que las guerras constituyen un jugoso negocio lucrativo para el Complejo Industrial Militar de Estados Unidos, cuyos productos precisan ser consumidos en un escenario bélico, la mayoría de las veces “fabricado” por el propio Imperio, que también ha incrementado la venta de armas al exterior, con cifra récord de 66 mil 300 millones de dólares, en 2011, tres veces más con respecto al año anterior, exportación que representa casi las tres cuartas partes del mercado mundial, valorado en 85 mil 300 millones de dólares, según el Servicio de Investigación del Congreso.

Las guerras, que en 2013 causaron la muerte de 100 mil personas en el mundo, aseguran a esa potencia el control de recursos vitales y nutren su ego hegemónico, plasmado en el ambicioso nombre dado a la nación: Estados Unidos de América.

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