Salvemos nuestro mundo; no hay otro para mudarse

Lunes, Febrero 17, 2014

José Mujica en la II Cumbre de la CELACHace ya mucho tiempo que este planeta nuestro anda cansado, extenuado. La casa común de los terrícolas se viene abajo, ante los ojos de la especie pensante de la Tierra y la única con capacidad para destruirlo.

Los mares, los ríos y el aire están cada vez más contaminados; los desiertos se expanden; los polos se derriten a velocidad jamás pensada; la capa de ozono adelgaza a ritmo igual de acelerado. Los bosques se reducen significativamente y asistimos a la más rápida extinción masiva de seres vivos en la historia, en medio de desórdenes climáticos sin precedentes.

La Tierra ha perdido ya el 30 por ciento de su riqueza natural, como resultado de la acción depredadora del ser humano, a tal punto de que él mismo está en peligro de extinción, por haber pensado más con el bolsillo que con la mente y el corazón.

La irresponsabilidad de los minoritarios -pero poderosos- mercaderes, ha puesto en riesgo la existencia propia y la de todos los habitantes del planeta, tengan más, menos o ningún dinero.

Si no actuamos ahora, como especie -con determinación, sensibilidad e inteligencia-, habremos negado el derecho a existir a las generaciones presentes y futuras.

¿Adónde iría a parar la especie humana, si los siete mil millones de pobladores del planeta consumieran lo mismo que los países industrializados de Occidente? Necesitaría no menos de 10 planetas como el nuestro para satisfacer sus necesidades. ¡Imposible!

En el tratamiento de este asunto, recurrentemente abordado por organismos internacionales y disímiles personalidades, sobresale la diáfana coincidencia de pensamiento entre dos estadistas latinoamericanos: el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992), y del Presidente de Uruguay, José Mujica, en la recién celebrada II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (La Habana, 2014).

Ambos concordaron en la gravedad del problema, en cómo está en juego la propia existencia de la humanidad y en las vías para revertir la situación.

El 29 de enero último, Mujica se preguntaba en la cita regional de La Habana: “¿Quién va a limpiar los océanos de los continentes de nylon que ha creado nuestra civilización? ¿Quién puede enfrentar la desecación de la meseta del Tíbet, donde nacen los cuatro ríos más fundamentales para la vida de Asia? ¿Qué país tiene fuerza por sí solo para enfrentar la fenomenal obra de reforestación que hay que hacer en este planeta? ¿Qué país puede inventar un mar Caspio en el medio del Sahara? ¿Qué país puede inventar un río de agua dulce desde el hielo de Alaska, y volcarlo en el desierto americano y en el desierto mexicano?”.

Y añadía: “¿Por qué despilfarramos tanto por todos lados: 2,000 millones de dólares por minuto de presupuestos militares? Ahí están los fondos para las barbaridades que he planteado, y las que tendrán que venir. (…) Pero si la humanidad no es capaz de pensar como especie, si la humanidad sigue pensando apenas como país, y dentro de país como clase social, y pensando solamente en lo nuestro y en la nuestra; entonces, la civilización está condenada”.

Fidel recibe a Mujica. La Habana, 29 de enero de 2014

Fidel recibe a Mujica. La Habana, 29 de enero de 2014.

El 12 de junio de 1992, en la también llamada Cumbre de la Tierra, Fidel planteaba al mundo la misma preocupación, aunque, para entonces, tal vez a algunos parecía tremendista, cuando en realidad se trataba de una alerta realizada sobre bases científicamente demostradas.

“Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción -afirmaba-, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre.

“Cuando las supuestas amenazas del comunismo han desaparecido y no quedan ya pretextos para guerras frías, carreras armamentistas y gastos militares, ¿qué es lo que impide dedicar de inmediato esos recursos a promover el desarrollo del Tercer Mundo y combatir la amenaza de destrucción ecológica del planeta?

“Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo.”

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