Latinoamérica y el Caribe saben qué hacer con su libertad

Jueves, Enero 30, 2014

foto para blogMás allá de la cardinal coincidencia regional en buscar los puntos de unión y desechar lo que fragmente, pudieron apreciarse claramente dos corrientes distintas de pensamiento, en medio de las numerosas intervenciones de dignatarios en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que acogió Cuba, en su condición de presidente pro témpore de este proyecto integracionista.

Una está representada por algunos defensores de políticas neoliberales, que privatizan los recursos básicos de nuestras sociedades, en estrecha alianza con el gran capital nacional y extranjero, a favor del mercado, más que de los pueblos; y otra -diametralmente opuesta- sintetizada en la voz sublime del indio americano, que atesora la sabiduría de varios siglos.

No es cierto que la región no haya sabido hacer nada con aquella libertad conquistada con la primera independencia, arrebatada hace poco más de dos siglos a los colonizadores europeos en épicas contiendas que costaron la vida de valiosos hijos de estas tierras.

Equivaldría a falsear la historia el afirmar que esta área del mundo no ha avanzado porque no ha querido, porque ha dejado pasar las oportunidades. No puede pretenderse culpar de nuestros problemas a un simple acto de voluntarismo, criterio que encierra en sí mismo un pensamiento colonizado que, precisamente, está llamado a estallar en pedazos con el martillo de la verdadera integración regional.

Tampoco puede pretenderse minimizar el obstáculo constante que ha representado Estados Unidos para el desarrollo pleno de nuestras repúblicas americanas, las cuales plagó de sangrientas dictaduras militares durante décadas en el siglo XX. Sus mecanismos de dominación económica, comercial, financiera, política, jurídica, diplomática y cultural no han sido desterrados del todo de las raíces de muchas de nuestras sociedades. Más bien es un proceso en etapa inicial, que ha brindado excelentes frutos en los países más avanzados en extirparlos.

A juzgar por su patrimonio natural, los países de América Latina y el Caribe hubieran podido alcanzar un desarrollo similar al de otras regiones, como Europa, que ha sufrido, por ejemplo, dos guerras mundiales en el pasado siglo, con más de 60 millones de muertos, y donde se hablan más idiomas que en la Torre de Babel.

biodiversidad

Pero no sido así, no obstante tener las mayores reservas de tierras cultivables del mundo, con un potencial agrícola estimado en 576 millones de hectáreas, equivalente al 28 por ciento de las cultivables del planeta; recibir el 29 por ciento de las precipitaciones; poseer la tercera parte de todos los recursos hídricos renovables existentes; y albergar el más extenso bosque tropical, con seis millones de metros cuadrados repartidos en ocho de sus países: la selva amazónica, declarada en 2011 una de las siete maravillas naturales del mundo.

La región geográfica, cuya belleza y exuberancia deslumbró hace más de cinco siglos a los conquistadores europeos, conserva el mayor reservorio genético a escala global y el 40 por ciento de toda la biodiversidad biológica, con elevados índices de endemismo.

En efecto, constituye una de las zonas de mayores riquezas. En consecuencia, es de las más codiciadas y asediadas históricamente, y uno de los principales escenarios de la puja que libran las trasnacionales por la posesión de recursos imprescindibles para las voraces sociedades de consumo, pasmosamente de espaldas a la salud del planeta.

Por supuesto, no solo está en la mira del vecino del Norte el patrimonio agrícola, forestal, genético e hídrico continental e insular, sino también el enclavado en las entrañas de la zona andino-amazónica, donde existe casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y plata, además de carbón, gas y uranio, extraídos y mercantilizados, fundamentalmente, en provecho del complejo militar-industrial-petrolero de la gran potencia que no se resigna a perder el dominio sobre la franja del Orinoco ni sus más de 500 mil millones de barriles de petróleo, casi el doble de las reservas de Arabia Saudita, primer productor mundial de crudo, según estudios del Servicio Geológico estadounidense.

Estados Unidos: ni tan lejos ni tan fuera de nuestras fronteras

mapa bases militaresEstas realidades no pueden desestimarse. Pecaríamos de ingenuos si negáramos la memoria histórica: Estados Unidos y las naciones europeas han avanzado más en su desarrollo, porque lo lograron a costa del saqueo de nuestros recursos humanos y materiales. Tenerlas en cuenta no significa querer culpar de todos nuestros problemas a otros que no están tan lejos ni tan fuera de nuestras fronteras.

Sería iluso pensar que las potencias occidentales van a permitir el desarrollo de sus antiguas colonias, como lo es creer que proyectos imperiales y recolonizadores al estilo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) son la panacea de los problemas de una región, cercada por decenas de bases militares yanquis que amenazan la paz, la democracia, la soberanía e independencia de la Patria Grande.

Esta nueva versión norteamericana de colonización es la punta de lanza para garantizar el control de recursos minerales y energéticos estratégicos, que no están concentrados ni en Estados Unidos ni en los países de la Unión Europea, sino en los territorios del Caribe y de toda nuestra América, advierte elacadémico colombiano Renán Vega Cantor,en su ensayo sobre la geopolítica de dominación de Estados Unidos.

El modelo de desarrollo de las exmetrópolis no es el que debe plantearse nuestra región, sino aquel que parta de un presupuesto inédito: el basado en la verdadera integración solidaria entre nuestras naciones, con sentido de complementariedad, no de competencia rapaz.

No hacen falta tutelas imperiales para conquistar el futuro que anhelan nuestros pueblos, como lo ilustró el Presidente Evo Morales, durante su intervención en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en la cual afirmó que Bolivia ha alcanzado significativos éxitos socioeconómicos, después de que el Estado alejó de las fauces privatizadoras ramas básicas, como el agua potable, la energía, la educación y la salud; ni nunca había avanzado tanto en la lucha contra el narcotráfico que tras expulsar de esa nación a la DEA, la Agencia Antidrogas made in USA.

Con su arte para decir grandes verdades con un verbo simple, Evo fue muy gráfico en su llamado permanente a no fiarse del imperio del Norte: “Donde quiera que haya embajadores de Estados Unidos, hay peligro de golpe de Estado. Solo en el imperio no hay golpe de Estado, porque no pueden tener allí embajador de Estados Unidos”.

Corresponde hoy a los países latinoamericanos y caribeños aprovechar el momento histórico inédito de que son protagonistas.

Para ello cuentan con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el proyecto de unidad económica, política, social y cultural más importante de los realizados en la región.

También sobresalen el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Petrocaribe y la propia CELAC, mecanismos que buscan una real y profunda integración dentro de la diversidad y que son vistos con recelo por Washington, empeñando en seguir decidiendo -en provecho propio- el destino de estas tierras del Sur, que sí saben qué hacer con su conquistada libertad.

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Category: Política

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