Desde el corazón de un niño cubano

Viernes, Diciembre 13, 2013

Niños en La Habana, Cuba, festejan Día Internacional de los Derechos Humanos

“Cubano: dale tu amor

a quien funda el tiempo nuevo;

y guarda para el traidor

guásima, cabuya y sebo”.

 

Con estos versos de Juan Marinello, envueltos ahora en contagioso rap, tres pioneros de la Escuela de Danza Alejo Carpentier atrajeron la atención de no pocos transeúntes en el Parque de G y 23, en la barriada habanera de El Vedado, en una jornada de canto a la patria desde el alma sincera y agradecida de los niños.

Alumnos de las escuelas de enseñanza primaria Orlando Pantoja, Pedro Albizu Campos y Arturo Montori, entre otras del municipio de Plaza de la Revolución, premiaron con sus aplausos la iniciativa de aquellos compañeritos, de cuyas gargantas brotaron otros fragmentos del conocido soneto del notable intelectual y político cubano (1898-1977):

“Los caminos siguen rojos

de la sangre de la guerra

si se atreven a venir

van a ver templar la tierra”

Con locuacidad y desenvolvimiento que contrastan con su corta edad, Sandro Lázaro Morales, Yosmar Crespo y Pablo Manuel Andrés Mora no defraudaron a quienes aplazaron por un rato sus proyectos del día para apreciar aquel espontáneo desborde de alegría infantil, a propósito de celebrarse esta semana el Día Internacional de los Derechos Humanos.

 Para aprendernos el poema “Las coplas de Pancho Alday”, que aparece en el libro de lectura de quinto grado, se me ocurrió proponerles a mis amigos montarlo en tiempo de rap, refiere Yosmar, quien parece haber heredado el espíritu artístico de uno de sus bisabuelos.

Le agregamos un coro que dice que esta versión está dedicada a Los Cinco cubanos condenados en Estados Unidos por alertar sobre sabotajes y otros actos terroristas contra mi pueblo, añade el entrevistado más pequeño que he tenido jamás delante.

La musicalización del poema, ideada por Yosmar, es fruto del trabajo conjunto, me aclara Pablo Manuel, mientras lo mira orgullosa su mamá, uno de los tantos familiares que comparten estas jornadas en los parques habaneros, junto a estudiantes, maestros y guías de pioneros.

María Lourdes González, ama de casa y residente en el municipio de La Habana del Este, fue una de las personas conmovidas por la representación artística de los niños, en cada uno de ellos dice ver al nieto que no pudo tener.

¡Qué bien cantan y bailan estos niños! ¡Qué lindos!, exclamó a mi lado esta sexagenaria, mientras llevaba su mano derecha al corazón, el mismo que late desde hace 40 años con una válvula artificial que los médicos cubanos colocaron gratuitamente en su pecho.

Ella venía de buscar un medicamento en el hospital y se detuvo a disfrutar no solo del talento artístico de los pequeños, sino también de los trazos con tizas en la acera que recreaban diversos símbolos de cubanía, entre los cuales predominaba una inscripción: “Somos felices aquí”.

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