Australiana McCardel partió de La Habana tras otra hazaña

Lunes, Junio 3, 2013

La Habana fue punto de partida este miércoles de otro intento de vencer a nado la distancia que separa a Cuba de la Florida, suceso que -desde ya- encierra un gran valor simbólico: tender puentes de cooperación entre los Gobiernos de ambos lados de ese estrecho marino.

Tantos obstáculos como ese camino para el entendimiento tiene ante sí la joven australiana Chloe McCardel para superar el tramo de 166 kilómetros (103 millas), infestado de tiburones y medusas, y caracterizado por fuertes corrientes marinas.

Tales circunstancias pudieran agravarse, toda vez que el área pertenece a la cuenca del Atlántico Norte, Golfo de México y Mar Caribe, donde los expertos pronostican -para la recién iniciada temporada ciclónica- una gran actividad, con la formación estimada de al menos 17 organismos tropicales, nueve de estos con categoría de huracán, número por encima del promedio histórico.

Todo eso desafía McCardel, ganadora en 2011 y 2012 de la Copa Sotiraki, de la Channel Swimming Association, otorgada a la mujer que cruzó más rápido el Canal de la Mancha (entre Gran Bretaña y Francia), quien utilizará solamente su bañador, sin traje de neopreno, aletas, ni jaula antitiburones.

Este 12 de junio, McCardel partió desde el muelle de la Marina Hemingway, en La Habana, donde momentos antes fue recibida por José Miguel Díaz, comodoro del Club Náutico que lleva el nombre del afamado escritor norteamericano.

Antes de su salto de pie al mar, la nadadora cubrió su cuerpo de crema protectora solar y repelente, reconoció lo difícil de la travesía, pero dijo no tener miedo, según reseñaron agencias de noticias.

De conseguir llegar a Florida, algo para lo que está preparada sicológicamente, dedicará los fondos que recaude a la investigación contra el cáncer y a ayudar a las personas con ese mal, explicó McCardel a la prensa.

Ella ha nadado semanalmente de 60 a 90 kilómetros en los últimos seis meses, como entrenamiento, en el afán de materializar la otra proeza que hoy comenzó a escribir desde La Habana.

Si logra superar la distancia entre la capital cubana y Florida, establecerá un récord mundial en natación de larga distancia sin asistencia y sin escalas, dejando atrás el de la británica-australiana Penny Palfrey, quien nadó 108 kilómetros en este propio estrecho en julio último.

Palfrey, entonces de 49 años, nadó durante 40 horas, pero tuvo que ser sacada del agua porque una fuerte corriente del sudeste le impedía nadar.

Otras mujeres han pretendido infructuosamente completar la distancia; la más reciente de ellas, la estadounidense Diana Nyad, en agosto de 2012, a los 62 años de edad. Fue su cuarto intento de ese tipo, pero pudieron más la fatiga, la hipotermia, las picaduras de medusas en la cara y los fuertes vientos.

La primera y hasta ahora única persona en nadar el Estrecho de la Florida desde Cuba es la australiana Susan Maroney, quien logró la hazaña en mayo de 1997, a los 22 años, protegida por una jaula contra tiburones.

Más allá de la búsqueda de superiores marcas en el afán humano de probar sus ilimitadas posibilidades, el nuevo intento deportivo es un llamado a tender puentes de cooperación, los mismos que ha propuesto y reiterado Cuba en numerosas ocasiones, a la espera todavía de una reacción positiva de Washington.

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