¡En la esquina azul, de Cuba, Félix Savón!

Viernes, Mayo 24, 2013

Entre las satisfacciones que me ha proporcionado la IV Semana de Cine Holandés en La Habana, está la de haber podido entrevistar a una de las mayores glorias del pugilismo cubano, Félix Savón, quien, aunque retirado del boxeo activo, prepara a jóvenes promesas en un gimnasio del municipio de Diez de Octubre y hace sparring en casa con su hijo Félix Mario, campeón nacional en las categorías de 13-14 y 15-16 años.

Ahora lo tengo frente a mí, tan impresionantemente alto y fuerte, tal cual se presentaba en el ring. Mis “golpes” son mis modestas preguntas de reportera; los suyos, frases cortas como jabs, contundentes como sus puños de roble.

La conversación fue breve, en el lobby de la Sala Charles Chaplin, donde se exhibió este jueves la premier del documental La última pelea de Arnold Vanderleyde, ese otro grande del cuadrilátero, ocho veces titular de Holanda, tres de Europa y triple medallista olímpico, el mismo que se enfrentó con Savón en siete oportunidades, pero nunca pudo vencerlo.

En medio de los constantes saludos del público, peticiones de autógrafos y solicitudes para tomarse fotos con él, Savón responde mis interrogantes.

Comenta la felicidad que siente al llegar al gimnasio de Vista Alegre, donde entrena a “pugilistas” de ocho hasta 16 años de edad.

Les enseño que el boxeo no debe ser tan noble, no se puede tirar los mismos golpes, sin repertorio, explica este gigante guantanamero radicado desde hace 25 años en Fontanar, La Habana, rey en cuatro Juegos Centroamericanos, tres Panamericanos, cuatro Copas del Mundo, cinco Campeonatos Mundiales y tres Olimpiadas.

Hay que tener habilidades para engañar (al contrario) hasta con los ojos, haciendo fintas con los brazos y el tronco, confiesa Savón, quien -según el propio Vanderleyde en el documental- dominaba a la perfección el arte de la intimidación en el ring, por su imponente estatura, los grandes saltos que daba al llegar al encerado, su rapidez y, sobre todo, mirada de fuego.

“A los muchachos les hablo de cómo me preparaba. Nadie entrena más que yo, ni tira más piñazos que yo. Voy a cada pelea a vencer o a morir”, me decía siempre a mí mismo, y lo cumplía -confiesa el fornido preparador, en frase que retoma del audiovisual estrenado y resume su filosofía deportiva.

La más especial de mis medallas fue la última, porque me dejó nostalgia; el deporte vive en mí; me robó el corazón, siento mucho amor por el boxeo; sin él no soy nadie, expone con particular nobleza en el documental, que relata la visita que Vanderleyde hizo a su amigo Savón, en La Habana, después de 20 años de aquel combate en Barcelona, cuando el caribeño le tronchó su última esperanza olímpica dorada.

Durante su brillante carrera, Savón rechazó millonarias ofertas del boxeo profesional, por amor a su patria y respeto a la Revolución. Pudo haber ganado mucho dinero en los Estados Unidos, pero no quiso abandonar la Isla, porque -como el mismo expresó- su familia es este pueblo demás de 11 millones de cubanos.

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