El pataleo de Capriles and Company

Lunes, Abril 15, 2013

Es imposible un fraude en los comicios que llevaron a Nicolás Maduro a la Presidencia de Venezuela este 14 de abril. No con el actual sistema automatizado de votos, cuyo software es validado, confiable, altamente seguro y auditable en todas las etapas del proceso electoral, como acaba de certificar el grupo de veedores expertos en la materia, conformado por 170 acompañantes internacionales, además de las tres misiones de acompañamiento internacional integradas por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniere). El Centro Carter también envió delegados, encabezados por el expresidente panameño Martín Torrijos.

Varios de ellos han relatado a la prensa sus impresiones sobre una cívica y pacífica jornada dominical, signada por un flujo normal e intenso de votantes -congregados desde la madrugada en las afueras de los centros electorales para ejercer su derecho al sufragio- y por la elevada participación de personas de la tercera edad, mujeres y limitados físico-motores, sectores marginados antes de que ese mismo pueblo venezolano legitimara en el poder a Hugo Chávez, en 1998.

Para Domingo Paredes, expresidente de la Comisión Electoral Nacional de Ecuador, hablar de fraude está fuera de todo sentido, aun cuando Maduro recibiera 1,78 por ciento de votos más (265 mil 256) que el candidato opositor Henrique Capriles, su más cercano contendiente. Y es precisamente esa “pequeña” diferencia que hace dudar a Capriles de su derrota en las urnas, la segunda en seis meses, desde que en octubre de 2012 perdió ante Chávez la posibilidad de llegar a Miraflores.

El acérrimo adversario ideológico de la Revolución Bolivariana no reconoce los resultados del Consejo Nacional Electoral (CNE) hasta tanto se escruten todas las boletas, porque -según sus propias palabras- “la paz y el futuro de Venezuela están en que el pueblo conozca la verdad”; cuestionamiento típico de una derecha nostálgica por regresar a un sistema manual de conteo, que permitió en más de 40 años de Gobiernos neoliberales todo tipo de pactos entre las cúpulas para repartirse el poder.

Sin embargo, llama la atención que tal controversia no haya ocurrido cuando el 16 de diciembre de 2012, Capriles obtuvo la gobernatura de Miranda ante Elias Jaua, el candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela, quien inmediatamente de conocer los resultados admitió el triunfo del adversario. En esa fecha, los seguidores antichavistas celebraron con bombo y platillo: Capriles había recibido ¡40 mil votos más que Jaua!; eso, sin mencionar que sólo pudo ganar en 5 de los 22 municipios del estado mal gobernado por él desde 2008.

De más está decir que jamás condicionó su victoria, lograda con las mismas autoridades electorales, el mismo sistema electoral automatizado y las mismas auditorías al proceso que hoy cuestiona. ¡Vaya paradoja!

Para Capriles, no importa que los veedores hayan declarado oficialmente que los resultados del CNE son válidos, sólidos, firmes y legítimos, y que el proceso electoral venezolano volvió a mostrar una democracia participativa y un sistema electoral transparente y confiable, sin parangón en la historia. El pataleo capriliano sigue y seguirá, incluso después de que el conteo de todas las cajas ratifique -como de seguro será- a Maduro como ganador.

Las palmas para el chavismo, que supo enfrentar a toda adversidad (violencia, cortes eléctricos, desabastecimiento, guerra mediática y cibernética impuesta por la derecha opositora) y luchó contra un candidato que intentaba en vano imponerse, gracias al poderío económico y financiero de su familia dueña del Circuito Nacional de Exhibiciones (Cinex), segunda cadena de cines del país, y del diario Últimas Noticias, el de mayor difusión nacional, además de cadenas de radios y televisión.

El CNE ha actuado positivamente -según dictamen de los observadores internacionales- y cumplió cabalmente sus funciones, apegado a la Constitución y las leyes vigentes. No en vano, la misión de acompañamiento -hasta ahora no cuestionada por Capriles- llama a los líderes políticos, candidatos y demás actores sociales a respetar los resultados emanados del único órgano competente facultado en esa materia, que -por demás- ha brindado todas las garantías necesarias, sin distinción, a todos los candidatos y participantes del sistema electoral.

Aunque tal vez sería interesante saber cómo el heredero de dos de las más poderosas familias, a la cabeza de varios conglomerados industriales, inmobiliarios y mediáticos, ha podido creerse merecedor de la silla presidencial y erigirse en representante de un pueblo trabajador y humilde al cual desprecia. Nadie se llame a engaño. Basta recordar sus constantes burlas al “chofer Maduro”, en alusión a la clase social del Presidente que juramentará el próximo día 19, respaldado por los votos de siete millones 563 mil 747 venezolanos (50,75 por ciento), que son -gústele o no a Capriles -la mayoría necesaria y suficiente para continuar la inmensa obra social y patriótica legada por Chávez a su pueblo y a la Humanidad. Es una victoria inobjetable, contundente.

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